La cabra tira al monte ll: fin de trayecto.
22/02/2007
Lo malo de crear una expectativa es no saber estar a la altura y defraudar a mis escasos (pero afanados) lectores poniendo, sin quererlo, un listón excesivamente alto.
Con esto quiero decir que agradezco profundamente los comentarios que habéis hecho. Todos, sin excepción, cada uno con su especial idiosincrasia. Pero mucho me temo que ahora, al enfrentarme al folio en blanco, voy a tener que demostraros que ha merecido la pena seguirme (mucho o poco) por cada una de las pensiones digitales que he ido visitando, y –la verdad- siento una responsabilidad enorme de no ofrecer lo que se espera de mí.
Bien, disertaciones preliminares aparte quiero hacer un breve inciso (aunque todavía no haya ni empezado) para dar las buenas noches a esa santísima trinidad bloggera que es “oust/Andrés/Lex” y sus múltiples manifestaciones, que en este punto de densidad ya estará plácidamente dormid@. Que descanses….ssssrrrrr szzzzzzzz srrrrrr zsssssssss srrrrrrrr zssssssss
Para el resto, y parafraseando a un maestro que daba clases no muy lejos del lugar donde me encuentro…
…“Como decíamos ayer” los caminos de cabras tendrán algo de atractivo exotismo para algunos pero yo no acabo de pillarles el punto. Será por el miedo a que se cruce algún cabrón en mi camino, entendido éste como ejemplar macho de la especie…
La noche en los caminos de cabras en particular y en la España verde en general es densa (perdón por la repetición), inquietante y temerosa. Trasgus, nuberus o bruxas parecían entonar sus persuasivos cantos desde dentro del bosque o desde el otro lado del monte con la única intención de robar mi alma pusilánime y vendérsela a la Xana, bella divinidad de ojos azules y largos cabellos rubios que habita en los pequeños ríos de la montaña.
Y mientras mi mente se perdía en confabulaciones mitológicas, en la radio del coche la única emisora que fui capaz de sintonizar con claridad, Radio María, emitía piezas medievales de música vocal por lo que opté por apagarla (no era momento), tirar de CD y adentrarme con decisión en el laberinto de caminos.
“Para llegar al pueblo atraviesas tres aldeas, cuando veas la fábrica X giras a la derecha, después sigues recto, verás que cruza una carretera más ancha, la coges y continúas un rato hasta que ya te encuentras con el cartel de la general…” Mi lazarillo se ve que lo tenía muy claro, pero yo no lo veía así. Al final, mi instinto de supervivencia, mi habilidad orientativa o la pura casualidad, vaya usted a saber, me llevaron de vuelta al hostal en mucho menos tiempo del que esperaba.
Una vez allí, la gentil posadera accedió a hacerme un bocadillo improvisado tras ponerle cara de pena y rehusar patearme media localidad en busca de alimento. Rápidamente subí a la habitación, intentando en vano calentarla (no buscar sentidos perversos) para entregarme indolente a las redes de Morfeo, tras un largo cara a cara con la pantalla de mi portátil.
Al día siguiente, hoy para mí, ayer para vosotros y una pasado no determinado para mis futuros lectores, los rayos de sol me despertaron con su fulgor, a una hora lo suficientemente prudencial como para no echar de menos la almohada pero sin desperdiciar momentos de sueño.
Se repitió el esquema de siempre: saludos, talleres, abuelillos/as y Sociedad de la Información. Nihil novum sum solis. Después de comer una ensalada caprese en un restaurante donde cada nuevo comensal que entraba me deseaba las buenas tardes sin conocerme de nada (adoro esa hospitalidad rural), dejarme acariciar por la brisa marina y darle mi último adiós al mar con la amargura de saber que no lo volveré a ver en mucho tiempo, emprendí mi verdadero camino de vuelta…
Estableciendo un osado paralalelismo cromático entre vida y paisaje se podría decir que he pasado de la inocencia verde de los montes cantábricos al ocre maduro y reposado de los campos de trigo. Del ímpetu azul de las olas al recio castaño de las interminables llanuras. Las estribaciones de la meseta me esperan ya…
Sé que en algún momento renegué de ti, en algún momento te fui infiel, quise sacarte bruscamente de mi vida, pero hoy regreso, cual hijo prodigo, a que me acojas de nuevo en tu regazo. Con una cura de humildad, cabizbajo, después de haber conocido otros muchos lugares y con la lección bien aprendida. Aún conservas ese encanto milenario que te hace única, esos atardeceres dorados de primeros amores. Aún guardas con recelo mis viejos secretos, el devenir de la historia, del saber y del conocimiento. Tu aire lleva acordes. Envuélveme nostalgia, abrázame nostalgia. Te he echado de menos, aunque jamás haya dejado de pensar en ti.
Doy por concluido aquí viaje. Es momento de afrontar nuevos retos. Muchas gracias de verás por la oportunidad brindada y por haberme acompañado.
Hasta siempre.
La cabra tira al monte l
21/02/2007
Como si fuera una aleatoria pirueta del destino he vuelto a las montañas. El lugar donde empecé esta aventura digital y donde, parece, estoy irremediablemente decidido a finalizarla. Pero esta vez, hay un (agradable) invitado al convite alfabetizador: el mar. Mis lectores (en el caso de que los tuviera) conocen mi fascinación por el líquido elemento. Según el hinduismo la vida sigue una estructura cíclica. Mi ciclo -que me hallo a punto de cerrar- empieza en las alturas y acaba por todo lo alto, con la satisfacción de llevarme muchas experiencias irrepetibles. La parte trasera de mi retina, el recuerdo, ha seleccionado y archivado minuciosamente cada uno de esos instantes para hacer de mi celuloide cerebral algo más cultivado y, con la seguridad que otorga la distancia, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que ha merecido la pena.
Pero no quiero caer en sentimentalismos baratos ni en nostalgias recurrentes (aunque ya me lloverán críticas haga lo que haga, seguro). Lo mejor de conocer mundo es que uno acaba teniendo más mundo. Oh qué sentencia más absurda con pretensiones de frase lapidaria, diréis... Posiblemente, sí. Mas intentaré explicarlo...o no.
El caso es que me dejo caer -en uno de mis últimos periplos- por la España verde. Una zona de belleza paisajística, de bálsamo espiritual, de lluvia constante, de valles perdidos y de horizontes encrespados.
Después de cinco horas de viaje -hablando conmigo mismo, mi único (y mejor) compañero con permiso de la radio y mis cedés, sobre cuestiones de todo tipo, entre otras, política nacional, arreglos de viento, la verdad del amor o cómo enfocar la temática de esta anotación– empiezo a divisar las primeras cumbres nevadas, signo inequívoco de que la árida meseta ha quedado definitivamente atrás. El recibimiento no puede ser más brusco: un agresivo cielo negro, de nubes oscuras y amenazantes, viento del norte gélido y cortante acompañado por tímidos copos de nieve y una perturbadora sensación de desasosiego y soledad.
Pero a medida que me adentraba en la espesura verde, una extraña calma se iba apoderando de mí como si lo importante fuera el ambiente bucólico que me rodeaba y todo lo demás quedara en un tranquilizante segundo plano. Me iba acercando al mar, principio y final de la vida, origen y mito, cénit y leyenda. Es realmente curioso el poder de sugestión que la morada de Neptuno origina sobre mí, nunca suficientemente auto-analizado, pero siempre presente cuando se hace necesario. A este respecto no quisiera dejar pasar la oportunidad de rendir un breve homenaje a una de las islas afortunadas de volcánica belleza en la que tuve el privilegio de laborar hace unas semanas. Un lugar de ensueño, donde se puede divisar el mar desde cualquier punto y donde los acantilados rocosos esconden historias de piratas lejanos y amores ocultos.
Hecho el tributo seguimos nuestro recorrido por la patria del cabrales, de la sidra y del prerrománico. Al llegar a mi destino en cuestión tenía varios compromisos por cumplir aunque nadie me estuviera esperando. Un hostal en frente de una coqueta bahía en forma de “w”, una habitación azul abuhardillada de sobria decoración pero con vistas al puerto y una agradable anfitriona.
“¿Cómo llego a la casa de cultura, por favor?”, le pregunto a una guardia civil. “Síguenos que nosotros vamos para allá”. Y así llegué, escoltado por la autoridad, atravesando todas las cuestas y zonas peatonales de la población y siendo advertido por la otra parte de la pareja (de la Guardia Civil, se entiende) de que mi recorrido había sido algo excepcional ya que nos habíamos saltado una señal de prohibido circular.
En la casa de cultura sólo había aparcamiento para minusválidos, así que aproveche mi repentina y bienvenida impunidad con las leyes viales, para estacionar allí mi vehículo en lo que esperaba a mi “contacto” que pronto se convertiría en mi segundo lazarillo de la tarde, aunque en esta ocasión por auténticos caminos de cabras (de vacas sería más apropiado) en mitad de montes interminables y de aldeas dispersas...
(continuará, que se ha hecho un poco tarde...)
Por el cerebro
17/01/2007
El caso es que estaba yo de viaje por mis pensamientos. Sí, tampoco es para extrañarse, ¿no? Al fin y al cabo viajes son. Suelo sumergirme a menudo en mi conciencia y navegar a mis anchas buscando recuerdos, sueños o esperanzas de futuro. No son los viajes que más me gustan pero, en ocasiones, vienen bien.
Uno encuentra de todo: lo bueno, lo malo…y…en realidad nada más…o cosas buenas o cosas malas, para estos casos no hay que andarse con medias tintas. Es una práctica recomendable. Sobre todo cuando se tienen problemas de conciencia (que no es mi caso) porque se aprende de los errores del pasado y se encara el futuro con nuevos bríos.
Como sabéis, la memoria (por lo menos la mía) es selectiva y lo malo se acaba olvidando y, generalmente, prevalece lo bueno. Aunque claro, siempre queda algún incómodo resto de maldad, de tristeza, de impotencia, de rabia…
Un pensador que ya pensó estas cosas mucho antes que yo lo definió perfectamente. ¿Dónde han ido los buenos tiempos? (http://kinks.it.rit.edu/discography/showsong.php?song=447)
Pero, por favor, no hagamos un vacuo ejercicio de nostalgia. Cuando uno profundiza en su interior se adentra en terrenos fascinantes. También escurridizos, misteriosos, insospechados, desconcertantes… pero apasionantes principalmente. Puede que ni siquiera saquemos conclusiones. Da igual. La mejor enseñanza que uno puede extraer es sentirse vivo. Y yo me siento muy vivo, más aún: con ganas de vivir.
Tomar conciencia de que soy un ser sensible (que siente) me ha supuesto un gran alivio, porque de esa manera me veo más capaz, más integrado con la vida, más cercano al cosmos, más yo vamos; más vulnerable diréis… pues sí, pero más humano…
Lo peor que podría haber sacado de este viaje con retorno hubiera sido verme como un cúmulo de conexiones neuronales sin sentimiento. Al fin y al cabo la conciencia está dentro del cerebro y a éste llegan multitud de terminaciones nerviosas, no de sentimientos, que habitan en el corazón, pero yo ahí no he viajado…aún.
De barrio
22/12/2006
Cual Fernando León de Aranoa me he propuesto atrapar la peculiar idiosincrasia de un fenómeno social muy cercano pero poco analizado: el barrio.
El caso es que me he dejado caer por el barrio, sí sí, el barrio en su sentido más amplio de la palabra. Todos en concreto y ninguno en particular. Supongo que todos somos un poco de barrio. Yo también habré nacido en uno, pero no me siento ciudadano de barrio (aunque vivir en mi actual barrio me gusta mucho). En todo caso, lo que define el barrio de lo que no es barrio, es el sentimiento de identificación con el grupo social, con una forma de vida concreta, con unos orígenes comunes, un arraigo, unas raíces…Bueno que parezco sociólogo.
¿Que qué hago yo en diciembre de ruta por barrios? Pues eso quisiera yo saber…Supongo que espíritu de aventura, búsqueda de emociones, enriquecimiento personal o simplemente ganarme el jornal que el IPC sube…Sea lo que sea, uno siempre intenta sacar las experiencias positivas de todo, y en concreto en mi viaje iniciático hacia el barrio he sacado muchas…
Cual racionalista ilustrado tiendo a pensar que el hombre es bueno por naturaleza, ya llegará la sociedad para decir lo contrario…En el barrio toda la gente parece generosa, hospitalaria, agradecida…Una señora se dedica a retratar en foto a todos los viajeros que se suben al vagón del recién estrenado metro que, por fin, acaba de llegar a su barrio. Todo un acontecimiento. Charangas, cámaras de televisión y mucha alegría. Otra lleva toda la tarde haciendo el mismo trayecto de ida y vuelta porque nunca había montado en metro. “Ahora vamos a llegar al centro enseguida” le dice a su compañera de asiento.
“Perdone, ¿sabe donde queda el centro cívico?” le pregunto apurado a un transeúnte al salir del cercanías en medio de una noche cerrada, una calle desierta y un frío que arranca las orejas con la única esperanza que me diera una breve respuesta. “¿El centro cívico? Sí hombre, si usted no tiene problema le acompaño que vivo al lado…” Me acompañó y me habló de su barrio, de las carencias que tiene, de los problemas con los inmigrantes, pero me confesó que no se veía viviendo en ningún otro sitio que no fuera su barrio…
Y es que algo tiene el barrio que vincula, que engancha, que no se olvida. Yo, ciertamente, no tengo ese sentimiento, pero envidio a la gente que lo tiene. Por eso intento escucharla, y preguntar mucho (aprendo yo más que lo que pueda enseñarles), para empaparme de sus vivencias, de su día a día, de sus sueños y sentirme, en cierta medida, un poco más de barrio.
Gracias a todos ellos.
Cerca del mar
15/12/2006
El caso es que me dejo caer por una ciudad que presume de tener la altura cero sobre el nivel del mar, aunque esté salpicada por promontorios coronados por castillos y fortalezas...Una ciudad con encanto en su centro urbano pero con ingratitud (que no inhospitalidad) en sus barrios...En esta ciudad me han pasado bastantes cosas, algunas entrañables, otras embarazosas...trabajo, estrés, tensión, paseos, satisfacción, entrevistas, soledad...funcionarios respondones; periodistas pretenciosos; un ama de casa que me invita a dos donuts de chocolate; taxistas imposibles de encontrar, un retorno a mi infancia al visitar a una amiga de mi abuela, nonagenaria, antigua actriz y cantante de cabaret que contagia alegría de vivir...
Pero dicen que la memoria es selectiva y yo no he podido evitar sucumbir a su arrebatador hechizo...
Tiene algo el mar...algo que no sé muy bien qué es. Pero tiene algo. No sabría describirlo con palabras, ni siquiera sería capaz de verbalizar todo lo que evoca en mí. Cuando escucho el rumor de las olas mientras paseo por su orilla y la brisa nocturna golpea mi rostro...me evado, no soy yo, soy un una mente sugestionada, un alma astral atrapada en un cuerpo terrenal.
Tiene algo el mar...me conecta, me inspira, me vuelve vulnerable. Podría pasarme horas enteras mirando la línea del horizonte fundiendo cielo y tierra. ¿Qué digo horas? ¡Días! Podría pasarme días completos frente al mar, perdiendo la mirada en su profundidad, descubriendo su belleza oculta.
Tiene algo el mar...algo que esconde con recelo. Un tesoro, una huella, una señal. Magia, sorpresas insospechadas, sospechas sorprendetes...mareas, corrientes, galeones piratas, monedas de oro, restos de civilizaciones antiguas sepultadas bajo la fuerza de las olas, batallas grabadas en el vigor de la historia...
...y yo, tan insignificante, tan pequeño, tan mundano... mirando ensimismado romperse las olas en la playa , imaginando sirenas que emergen entre las espumas, dejando volar la imaginación hasta un lugar lejano...muy lejano en el que no hay retorno...
De repente, aparece un gato, como salido de la nada; escurridizo y tan blanco que se confunde con la espuma...corretea de un lado a otro de la playa sin un rumbo concreto, se acerca al agua, pero desiste cuando se da cuenta de que está demasiado fría. Vuelve a correr, parece asustado, perdido, nervioso. Se para al lado de una estatua de arena que simboliza la Navidad. Es el nacimiento del Niño Jesús; la Virgen María, San José y el Niño. Quiere integrarse en la escena, como si buscara la protección de un abrazo, el cariño de una caricia, pero al segundo amago, el dueño le disuade y sale corriendo otra vez. Le pierdo la pista. Sobre la arena la soledad de la navidad. Apenas pasan personas. La noche lo cubre todo, con su silencio, con su inmensidad. Prosigo mi paseo pensando en ese pobre gatito que tiene en la soledad una sempiterna compañera. No como yo que al fin y al cabo sólo pasa por mi vida de manera esporádica. Ojalá lo volviera a encontrar...
Tiene algo el mar...tiene gatitos, sirenas y soledad...esperanza, sueños, nostalgia y amor...
Tiene algo el mar... algo que me gustaría atrapar para siempre...inspiración.
En tierras de vendimia
26/09/2006
Por si no hubiera tenido suficiente este verano con visitar Menorca, Estambul, Atenas o Venecia (entre otros) voy y me embarco en una nueva aventura digital por pueblos en los que al entrar huele a alcohol fermentando, por campos llenos de inmigrantes del Este apilados en hileras con bolsas de plástico en las manos y por paisajes monótonos en infinitas llanuras que el sol baña como un manto que todo lo abarca.
Con lo poco amigo que soy yo del jugo de la vid resulta que acabo navegando entre mares de viñedos. Fíjate si no me gusta que lo único que bebo es mosto cuando en alguna comida de trabajo en la que se supone tengo que dar la talla enóloga me da apuro pedir un Nestea (no siendo que alguien vaya a sacar conclusiones precipitadas sobre mí y piense que soy tan mal profesinal como comensal) o una Coca Cola, o por qué no, un Aquarius de limón, mi preferido.
Pues resulta que estoy en esa zona tan cercana del cielo (según reza un eslogan promocional que encuentro en la portada de un libro de turismo que hay en la habitación del hostal) como alejada del ajetreo de la Gran Urbe de Noches Blancas (aquí las noches en blanco son cuando se juntan todos los polacos en un banco y relucen sus pelos rubios entre la morenez autóctona), tan triste de expectativas como alegre en el bullicio de sus calles, de sus plazas; una plazas en las que se hablan lenguas del este, donde se funden en una aparente armonía los abuelos del pueblo con los jornaleros que vienen a hacer la temporada.
Imagino que por aquí este espectáculo es una forma de vida, un rasgo definitorio del peculiar carácter de la llanura ventosa, una seña de identidad que para los que lo vivimos con distancia resulta gris, descafeínada, pero -en cierto modo- entrañable.
Todos los pueblos tienen una configuración parecida; muy extendidos en km2, casas bajas situadas de manera irregular en el dibujo del plano, generosas en población y con una envidiable estabilidad económica. No es que sean ricos, pero tampoco pobres. Lo que más escasea es el agua de los pantanos, de los ríos y -principalmente- de sus famosas lagunas. La misma guía turística que decía que esta tierra está cerca del cielo destaca, a su vez, el rico pasado histórico de sus ciudades, el legado glorioso de sus personajes legendarios (uno, el más universal de nuestra literatura), el contraste imposible entre los llanos y los montes, la fauna, la flora, las tradiciones, la recia gastronomía...
Una tierra a la que tengo asociada el concepto soledad, pero supongo que con el tiempo, inevitablemente, le voy coguiendo algo de cariño.
Motivo de brindis. Chin chin.
El nombre de la Rosa
27/06/2006
Debo reconocer que me ha costado encontrar título a esta anotación del blog, porque en un principio quería enfocarlo hacia el humor y hablar de otro encuentro inusual, algo así como "ex novias de ex novios de mi novia" que puede sonar un poco como a la canción esa de los 80 de un grupo que ahora no recuerdo el nombre (¿Objetivo Birmania?) y que decía algo así como "los amigos de mis amigas son mis amigos"...Luego también pensé en añadirle un toque de malicia y decir algo como "mujeres portuguesas con bigote: todas" o "portuguesas y ataques epilépticos"...pero después de lo acontecido he dejado subjetividades y estereotipos aparte y he optado por la versión más periodística y narrativa de la historia...(aunque no creo que lo consiga)
Bien, comencemos...
El caso es que estaba el otro día en una ciudad del Norte, muy al norte, no tan al norte como a muchos de ellos les gustaría estar, pero lo suficientemente al norte como para poder sentirse orgullosos de ser del Norte...Ha quedado claro, ¿no?. Bien una de las características del Norte, aparte de la belleza de sus paisajes verdes, su alta calidad de vida o su industrialización es también el cenar antes de las 23h. Todavia no sé muy bien a qué se debe, el tema es que siempre que estoy por el norte acabo cenando un sobao( que milagrosa y astutamente logré robar del buffet del desayuno de la ciudad anterior) y una botella de agua (no del grifo).
En esta ocasión la cosa fue un pelín diferente. Después de encontrarme (nuevamente de manera casual e inesperada) a una ex novia, de un ex novio de mi novia...que lío...que antes de ex novia, incluso antes de novia, es persona (tío neng), y en concreto una personsa encantadora...que además me alertó de que iba a tener complicado cenar a esas horas ( no serían ni las 22.30) un lunes, a no ser que quisiera una pizza del Telepizza o un Kebap.
Bien, tampoco tenía ganas de tomarme un cordero asado para cenar, así que me decanté por la opción del kebap, que según ella estaba a cinco minutos de donde me encontraba. Cinco, diez, quince minutos...cada vez se acercaba más la hora maldita (23h), y yo no encontraba ningún turco, ningún pan de pita y lo que es peor ninguna persona para preguntar. Ya con la mente puesta en el sobao (bueno bollo de la máquina de café del hotel) que me iba a tocar cenar de nuevo me encuentro con una mujer de unos treinta poco años, bajita, rellenita y con bigote (luego supé que era portuguesa, entonces no me extrañó...quien piense que es un estereotipo injusto el binomio portuguesa-bigote que haga el experimento de poner el google las dos palabras...se sorprenderá) que se acerca por arriba de la calle. Estupendo!!! "Mi salvación" dije yo. Pues no, "tu perdición" dijo el destino.
Le pregunto que si conoce un sitio para cenar, parece que no entendía. "Un bar en el que pueda cenar o comer algo". Ya me dice que no es de aquí, empieza a hablar en otro idioma...portugués claro, que aunque es parecido al español y yo escucho mucha bossanova no la entedía nada. Bueno algo...decía que por el día sí, pero que por la noche no iba a encontrar nada.
Ahora viene el primer punto surrealista. Tras estar como dos minutos con un diálogo de besugos yo hablando en español y ella contestándome en portugués creí entenderla decir que me acompañaba, bueno en realidad no sé si lo dijo el caso es que yo empecé a andar y ella se vino conmigo. Hablamos de auténticas payasadas (tampoco se podía esperar mucho más)y afortunadamente encontramos una hamburguesería. Ella entró conmigo, yo la verdad no me violenté, no era muy normal pero tampoco me inspiró desconfianza, la veía como una personsa poco integrada en nuestro país y que necesitaba hablar, aunque fuera idiomas diferentes. Y eso es lo que hicimos mientras yo me zampaba una hamburguesa grasienta (no me condenéis por esto, si hubiera encontrado un bacalao al pil pil o un besugo a la portuguesa lo hubiera comido también). Hablamos de Portugal, de España, ella era de una aldea de Braga, cerca de mi ciudad, muy parecidas ambas, también conversamos sobre fútbol, que si va a ganar España, que si Portugal es mejor, que si me gusta Cristiano Ronaldo...También hubo tiempo para dramas personales que me impresionaron un poco. Llevaba un año en España, sin papeles, sin trabajo porque no hablaba español, pero sin posibilidad de aprenderlo porque no conocía apenas gente, me dijo que tenía más miedo de sus compatriotas portugueses que de los españoles, que le gustaba pasear sola por la noche (es lo que hacía cuando yo me la encontré, pero no sé yo si por afición o por resignación), que vivía con dos de sus ocho hermanos...el drama de la inmigración en definitiva que más allá de que sea legal o ilegal (no es este el lugar para el análisis) es seguro siempre dolorosa, parte del desarraigo, de la falta de oportunidades y de la búsqueda de un futuro mejor y al fin y al cabo esta muchacha portuguesa había puesto su sueño en nuestro país y yo creo que ningún estado, ningún dirigente, ninguna ley debe ser hecha para frustrar los sueños de las personas, sino más bien para facilitárselos... pero bueno...que me voy de tema...
Cuando acabamos de cenar y siguiendo la línea surrealista que había tomado la noche se viene de nuevo conmigo. Yo seguía tranquilo, en ningún momento sentí que me incomodara la situación. Paseamos durante unos minutos más, ella cada vez cogía más confianza, me contó que todas sus amigas en Portugal estaban casadas y con hijos, que ella no, que no...Estábamos llegando a la altura de mi hotel -yo venía todo el camino pensando en qué decirle para "deshacerme" de ella en el buen sentido- cuando en la misma puerta se cae violentamente al suelo. Ahora me siento mal porque mi primer pensamiento fue que ella estaba montando un numerito para sacarme algo de dinero o aprovecharse de mí. Que cretino soy, la pobre mujer empezó a mover la cabeza de un lado para otro, le saía un espumilla por la boca (hubo 3 segundos que pensé también que estaba poseída), yo fui un poco inútil la verdad porque no supe reaccionar bien más allá de el "estás bien" y tomarla el pulso sin sentido. Afortunadamente hay gente espabilada. De un bar al lado de hotel salió un chico que enseguida llamó a una ambulancia, luego su novia, que le sujetó la cabeza y empezo a decir palabras tranquilizadoras que por lo menos en mí surtieron efecto (no sé yo si en ella). Al principio estaba consciente, pero luego perdió el conocimiento. De repente se había creado un corrillo de unas diez personas (todas las que no había antes por la calle se congregaban ahora alrededor de la rocambolesca escena), la dueña del bar sacó una manta para arroporla porque en el norte también refresca mucho por las noches (se me olvidó apuntarlo antes) y la acera tenía que estar bastante fría. Rápidamente llegó la ambulancia y la policía: "¿alguien la conoce?" Yo era el único que sabía algo más de ella, pero tampoco mucho, la había conocido hace apenas unos veinte minutos...Aún así le comenté a la policía la situación, me ofrecí asimismo para dejarle mi número de teléfono por si necesitaban algo más. Me lo agradecieron y me dijeron que no me preocupara que ya había hecho suficiente, que en su bolso habían encontrado un par de teléfonos y cuando todo se tranquilizara un poco llamarían a alguno de sus familiares.
La gente se dispersó, yo estuve allí hasta que la ambulancia se la llevó al hospital. Había sido un ataque epiléptico. Me quedé con una sensación rara, no de amargura, ni si quiera de tensión...no sabría describirla...de compasión tal vez, no sé... Pensé qué sería de esa mujer en el futuro, si conseguiría un trabajo, si sería feliz en España, ¿se pondría bien?
Probablemente nunca lo sabré...al igual que su nombre.
A mi madre le gustan los toros
23/06/2006
El caso es que estoy el otro día por ahí perdido, entre montañas verdes y valles recónditos, entre amaneceres de neblina y atardeceres lluviosos...en el lugar adecuado para poder decir con propiedad que estoy en Babia...
¿Qué como he llegado hasta allí? Muchas veces ni yo mismo sabría decirlo, en fin cosas de la edad...
Ciertamente es el lugar donde menos esperas encontrarte a alguien conocido. Tampoco es que lo encontrara, pero por un casual de la vida me topo con un compañero de notas, de melodías y casi de barrio a unos 500km de donde habitualmente solemos movernos...pero bueno ese no es el tema de hoy.
Como digo, el caso es que estoy en un paraje lejos de todo, después de una dura e intensa jornada de trabajo, que para una vez que tengo hotel para dormir la siesta resulta que no puedo porque entre unas cosas y otras en la comida tardan horrores en traerme la cuenta y encima me da por poner la tele en la habitación y me engancho a un documental de la 2 que otrora hubiera servido de somnífero perfecto pero que esta vez llama poderosamente mi atención decadente...hablaba sobre el tiempo, de como pasa el tiempo en el polo norte, de algo de la luna y luego de ...srrr...srrrr...srrrr
Me pierdo más que el valle en el que estaba. A la tercera va la vencida...
Mi intención era, después de esa maratoniana jornada de trabajo, comprarme un sandwich, un Nestea (a lo sumo Aquarius, aunque el agua de las montañas siempre suele tener más propiedades que la del grifo de Madrid, que por mucho que digan que el agua de grifo en Madrid es muy buena, yo donde esté el agua de manantial que se quite Isabel II y su canal, que no es que tenga yo nada contra las isabeles, pero en cuestión de agua prefiero las cabras...las de solán...) y una bolsita de doritos para plácidamente en la habitación del hotel (bueno hostal porque en el desayuno sólo te ponían una fuente de magdalenas y unas tostadas con mantequilla, y eso en un hotel como dios manda no lo hacen, anda que no he tomado yo desayunos de buffet con jamoncito, frutas, yogures, huevos con bacon y demás delicias...mmm) ver el partido.
Por cierto me he vuelto a perder, ¿no? Vale bien...
Ah sí...ya me acuerdo. Bueno pues eso, que no es que fuera una quimera comprar algo para cenar ligero y meterme en la habitación a ver el partidito de España tranquilamente.
Pues ni con esas. Ni un sitio para cenar, ni un sitio para comprar unos sandwiches, ni siquiera un VIPS (¿por qué sólo hay VIPS en Madrid? No se dará cuenta el sr Vips de que si pusiera un establecimiento en cada núcleo de población de más de mil habitantes engrosaría los números de su cuenta corriente, pero también haría una obra social con los pobres viajeros perdidos entre montañas que quieren tranquilamente ver el partido de España en la habitación...)
A la hora de comer resulta que está la dueña del hostal, la matriarca en la recepción...(por la mañana el desayuno te lo sirve el hijo, muy obediente y servicial él, y por la noche cuando llegas con la maleta y todo el lío es el padre quien te recibe y te pide el DNI, lo mete en una caja fuerte y dice: "mañana por la mañana te lo doy", que digo yo para qué coño querrá tener mi DNI toda la noche en una caja fuerte, ni que me fuera a escapar...pues me jodió el pagar con tarjeta esa noche...) como me hace esperar unos minutos para darme la llave, descubro un saloncito de lectura con una televisión con un cartelito que reza "prohibido entrar a los niños solos"...ya te da un mal rollo que dices, bueno a lo mejor es que el salón es grande y los niños se pierden...Nada de eso, es por la madre de la matriarca, la abuela.
Al ver el salón pensé para mí mismo, coño pues así veo esta noche el partido aquí, que siempre verlo en compañía (aunque sea la abuela) tiene más emoción. Amablemente le pregunto a la matriarca:
- perdone, puedo ver esta noche el partido en el salón...
A lo que ella, algo contrariada reponde:
- ¿el partido? Ah bueno el de España...mmm...pues no sé...aquí no se ve muy bien la Sexta, se va la señal, lo ves mejor en la habitación, ¿eh?...Aunque bueno si no hay toros, sí, porque a mi madre le gustan los toros y como haya toros se los tengo que poner, porque es la manera que tiene de entretenerse...
Le iba a haber dicho que los toros posiblemente hubieran acabado cuando empezara el partido, pero creí que no merecía la pena...en la gasolinera se habían acabado los sandwiches así que acabé en una tasca tomando dos Nesteas y unas Pringles (de pringao...) porque no tenían ni pinchos, ni sandwiches, ni bocadillos ni nada...
Antes de dormir recapacité levemente sobre la respuesta de la matriarca del hostal a mi pregunta sobre el fútbol...¿a qué venía esa respuesta surrealista? ¿tiene algo que ver el fútbol con los toros?
Todavia sigo buscando la respuesta...o no.
¿por qué no hablan las moscas?
21/06/2006
El caso es que estoy el otro día en un bar de Castilla, en un pueblo tranquilo (aunque casualmente ese día estaban rodando un corto justo en frente del hostal en el que me alojaba, en una casona nobiliaria, que para poder hablar por teléfono me tenía que ir a la otra punta del pueblo..."perdona te importaría hablar bajo, es que estamos rodando"...vaya... están rodando, no puedo hablar, en fin)
Pues sí me disponía a tomar un sorbo de Nestea mientras España le cascaba el tercero (o el cuarto) ¿qué más da? a Ucrania, que hemos pasado de pensar que no llegábamos más lejos de cuartos a dejarnos invadir por un aire triunfalista y ahora pensamos que vamos a jugar la final contra Brasil y que vamos a ganar el mundial...en fin otra vez.
Como digo estaba entre sorbo y sorbo de Nestea (a lo mejor era un café solo con hielo) cuando un niño, un mico que no levantaba un metro del suelo y hacia de saltimbanqui entre las mesas del bar, le dice a su padre -concentrado en el partido y para pocas reflexiones filosóficas en ese momento- con toda la naturalidad del mundo y a la vez con una simpática curiosidad infantil:
- Papá, ¿por qué no hablan las moscas? es que les hablo y no me contestan.
El padre sin levantar la vista del televisor (puede que España ya hubiera marcado el cuarto, porque el locutor de Cuatro no hacía más que repetirlo en todo momento, "aquí en Cuatro, el mundial gratis, la selección marca 4") esboza una media sonrisa y le dice a su hijo:
- Tú inténtalo, habla mucho con ellas, que a lo mejor te contestan...
(y de paso me dejas ver el partido tranquilo)
El niño no se quedó satisfecho, seguía sin entender por qué esos insectos que revoloteaban a su alrededor no se comunicaban con él con palabras, le parecía una falta de respeto que él hablara a una mosca y ésta no contestase...
Yo intenté buscar en mi interior: soy un adulto y tengo que saber sin sudores por qué no hablan las moscas.
Pues todavia sigo buscando la respuesta...