Cambio climático
19/10/2007
El muchacho no tenía más allá de nueve años. Se apostaba muy de mañana en la orilla y lanzaba piedras al agua, hasta ese momento un espejo, una lámina, una fotografía del cielo.
Sí, se agachaba, tomaba un guijarro cada vez mayor y lo lanzaba al lecho. Las nubes, tan coquetas, huían entonces a maquillarse a los ríos del Norte.
En Septiembre comenzó el colegio. Esa mañana también empezó a llover: lenta, desconfiadamente.
Tierra batida
18/10/2007
No. No me gustaría -créanme- estar en la piel de Fernando Alonso, ni en la de Rafa Nadal.
Tiene que ser duro estar condenado a ganar, dedicar cuerpo y alma a quedar el primero: han pisado la cumbre y no quieren -no pueden- bajar de ella.
Siempre habrá un Hamilton o un Federer que les desbaratará la sonrisa, un tipo que les obligará -los ojos son tan indiscretos- a llevar gafas de sol en plena noche.
Un servidor se puede permitir el placer de perder. El mayor -no lo duden- de los lujos.