de los vuelos de ida y venida
Ya no recuerdo lo que es no ser extranjera. No sé lo que es caminar por una calle en la que sepas que le perteneces. No pertenezco. Como dijo Pessoa, cuando quemas tu cuidad quemas todas las ciudades del mundo. Yo quemé mi ciudad cuando era inconciente, pero volví a coger, agarrar, los cerrillos, fósforos o el mechero años más tarde para que todas las ciudades del mundo ardieran como si yo fuera la santa inquisición y cada pueblo pisado por mis pies fueran sabios filósofos a los que había que temer.
Nada más cercano a eso.
Y ardieron las ciudades y ardí yo. Y no, no resurgí como ave Fénix de entre las cenizas siendo dueña del mundo y ciudadana de los cinco continentes. Resurgí como una inmigrante sudaca sin papeles. Argentina, de mojada en España.
Entonces quería ser española, como antes había querido ser mexicana, y como antes había querido que los argentinos me sintieran su igual. Con el tiempo dejé de querer se española. No soy española, ni quiero. Me encanta España, Madrid, la paella a veces, me gusta el vino y me gusta las charlas con los españoles, pero yo no soy española, ni quiero. Quiero seguir siendo o volver a ser argentina, aún con el miedo que pasé al principio, miedo a ser yo y no serlo, miedo porque el sabor del mate entraba en conflicto con los sabores picantes y el aceite de oliva y hubiera vomitado el mundo entero y hubiera querido embarazarme de los océanos para escupirles a todos que no tenía raíces y que lo que más quería era pertenecer.
Decir que ahora me pertenezco a mí misma y que todo ha salido bien sería mentir. Todo ha salido bien eso sí, y me gustaría pertenecerme a mi misma pero estoy todavía lejos de eso, como todos…
Pero lo que sí es que España es España y Argentina está en el sur y México debajo de Estados Unidos, puedo hablar con el vos y con el tú y con el vosotros y ya no intento que entiendan mis modismos ni intento cambiarlos y puedo hablar de la canela con la guindilla con la menta. Y mezclo todo, y ahora mezclo todo dentro y fuera.
Frida Kahlo, las dos Fridas de Frida me ayudaron mucho, la Frida mexicana y la Frida europea, la Frida de Diego y la Frida de ella misma. Y yo también quise usar trenzas, y también quería tomar mate y Quilmes y decir andate a cagar, pero no lo digo, aunque la verdad tampoco lo decía antes.
La identidad. El truco y el helado de chocolate, los tacos mexicanos y las mujeres hermosas. Y yo en el medio. Y yo no hablando del talante de la mujer argentina ni hablando tampoco del talante del hombre mexicano, del español mucho menos. Y ahora tampoco es que voy y suelto mi verdad, sólo que digo de a poco y suavemente lo que veo desde fuera, desde fuera de donde nací y desde fuera de donde escogí vivir. Desde fuera. Ahora, supongo que para siempre, será desde fuera. Nunca más jugaré para ellos de local, pero para mí sí. No, aún no soy local en Madrid, y supongo que tampoco me sentiría local en el D.F. con tanto maquillaje y elegancia que yo ya perdí, y tampoco en Mar del Plata con olas que rompen el alma y te vacían en invierno. Juego de local sólo dentro de mí. Aún cuando sueño que muerdo una torta negra, aún cuando no conozco Galicia.
Y aunque no recuerde lo que es ser extranjera sigo acordamdome lo que es caminar por un paso peatonal cuando el sol te pega en la cara y algo te dice que ya has conquistado esa ciudad, y tal vez en este caso esta cosa judeocristiana de sufrir para merecer me ha resultado positiva, porque entonces digo “yo me curtí a esta cuidad, la pelié y la gané, es mía, hoy Madrid es mía” Y mi Madrid es totalmente diferente al Madrid de mis amigos, sean españoles, venezolanos, cubanos o franceses. Mi Madrid es de cafés y de sólo dos o tres, mi Madrid es mi tertulia, Madrid es unas calles y unos cines, y un piso y los autobuses: Madrid no es vivir en Europa, ni en la cuna de la cultura, ni la aventura de hacer un cambio. Ahora Madrid es simplemente eso Madrid. La cuidad esta. Es tan poco o tan tanto Madrid para mí como lo es para el castizo de toda la vida.
Y ahora voceo, y tuteo y vosetreo. Y me da igual, y me da igual conjugar vos con eres, y sos con estar. Por que Madrid no es una caña en la Plaza Mayor, Madrid es un vaso de agua en la cocina de mi casa, porque al final de cuentas, es eso: mi casa.
1. Voceas, tuteas...¿y tuiteas?
2. sí también twitteo! :D )
@polillita.
3. hace muchisimo tiempo que no leía algo que reflejara con tanta exactitud un sentimiento que creía sólo mio,gracias por hacerme pertenecer