Hace más de un cuarto de siglo, trabajando para una multinacional con sede europea en Londres, tuve la oportunidad de tropezarme con el correo electrónico, creo que el antediluviano sistema respondía al nombre de “Quikcom”. Nada de pantallas, papel pijama e ibas que te matabas. A pesar de lo rudimentario de aquello, yo lo utilizaba con reverencia casi religiosa, asumiendo que a todo mensaje que yo enviara, recibiría una respuesta casi inmediata. Comunicarme con las antípodas, trabajar en grupo sin salir del despacho, y despachar asuntos en tiempo record, eran algunas de las funcionalidades mas apreciadas. Por aquel entonces tuve la oportunidad de comenzar a tener contactos virtuales, muchos de ellos conversados durante años pero sin habernos tenido nunca a golpe de vista.
Un cierto día fui convocado a Londres a una reunión de responsables de país, teniendo la oportunidad de acudir al despacho de mi jefe, pues antes de la reunión quería comentarme un cierto tema. A la derecha de la entrada de aquella oficina había una pila de papel pijama de mas de metro y medio de altura, y yo me atreví a preguntarle a mi jefe que era aquello, y me comentó muy tranquilo que eran los correos que había recibido el último trimestre y que nunca se había tomado la molestia de leerlos.
Aquella frívola respuesta la llevo aun clavada en la parte digital de mi alma, y aun no me he repuesto del negativo impacto que me produjo, tan fuerte que me ha llevado a pensar que los que así actúan, padecen el síndrome CEN (Correo Electrónico Ninguneado).
El estar parapetado detrás de una pantalla le hace sentirse a uno invulnerable ante cualquier tropelía que cometa contra los cibernautas que intentan relacionarse con nosotros. Si, ya se todas esas categorías de cibercrimen que nos amenazan en cuanto asoma a la red el primer bitio que nuestra máquina emite, pero no es menos cierto que tenemos a nuestra disposición bastantes defensas; el ataque potencial de un virus no debería paralizar nuestros viajes por el ciberespacio.
Muchos te cuentan aquello de, recibo más de mil correos y otros tantos spam; al que así dice le recomendaría unas clases de aritmética porque a lo peor se le ha olvidado sumar. En las empresas, este tipo de situaciones se corresponden a veces con una mala definición de la política de uso del correo.
En el entorno empresarial, la no respuesta suele ser reflejo de la clasificación que de sus colegas hace el destinatario, relegando al ostracismo a aquellos que considere de rango inferior.
En el ámbito social, nos encontraríamos con seres humanos que ignoran a los que no consideran merecedores de su atención.
Estos calificativos pueden parecer exagerados, pero no menos que los pollos que montan los que practican el CEN cuando no son respondidos.
Los tres Reyes van marchando
hacia el pueblo de Belén
y la estrella allí les marca
el camino del portal,
pues gepeese no tienen
en su equipo camellar.
Le llevan como regalos
oro, incienso y también mirra
ya que los magos de oriente
andaban muy despistados
y no aciertan a comprender
que el mejor de los regalos
no es otro que la pesepetres.
Los pastores pastorean
mientras el milagro nace
en el portal de Belén,
y de ello sí se enteran
porque un angel les envía
mensajes cortos con alas
y copia a la Virgen María.
En el árbol una estrella
y en el suelo los regalos,
que se entregan en la cena,
con sus teclados y antenas
con su pantalla táctil
con su memoria infinita
y sus aplicaciones mil.
Al Niño Dios yo le pido
que esta plétora de megas
que por doquier nos rodea
a una arcadia nos conduzca,
donde no haya brecha alguna
ni nadie desconectado.
Este humilde jubileta,
que entre murallas nació,
a ti y a todos los tuyos
os desea lo mejor,
y que en el año que viene
los baudios os den calor.
Navidad 2007
Casi sin apenas darnos cuenta, las TIC están dejando de ser herramientas para irse convirtiendo en infraestructuras sociales. Desde que en los 50s y 60s los ordenadores iniciaran su entrada en el mundo empresarial, hemos venido utilizando estos cacharros para resolver problemas específicos, mediante el proceso de aplicaciones desarrolladas en diferentes lenguajes; esta filosofía de un problema-una aplicación, fue configurando la imagen de que la tecnología era una herramienta lista a la que, las aplicaciones, le dotaban de la consiguiente inteligencia. Las aplicaciones se han venido procesando en entornos empresariales, y, salvando las distancias, dado que estos ambientes tienen mucho en común, de ahí que las herramientas también hayan sido de similar naturaleza.
Después de una larga gestación de casi tres décadas, Internet irrumpe en el mercado a primeros de los 90s, y lo que en un principio comenzara a percibirse como una megared de comunicaciones, se fue transformando poco a poco, hasta convertirse en el ciberespacio que es hoy día. En este etéreo territorio iniciamos nuestros correos, navegamos en todas direcciones, implantamos nuestros comercios, levantamos ágoras de encuentro y discusión, y finalmente construimos redes sociales; ya solo nos resta convertirnos en espíritus puros que habiten el ciberespacio, mientras que nuestros cuerpos serranos puedan dedicarse a darse un rulo por el mundo real (¿).
La Sociedad de la Información, La Sociedad del Conocimiento, o la Ciudadanía 2.0 acabarán convirtiéndose en los territorios virtuales (¿), donde las élites tecnológicas camparán por sus respetos, y nos irán transmitiendo cuando deberemos utilizar el monedero electrónico, cuando y como entrar en contacto con la e-Administración, como hacer banca móvil, o que películas podemos estreaminearnos.
Para evitar que el ciudadano se transforme en un auténtico esclavo de silicio, tendremos que exigir la protección de nuestros ciberderechos, y promover, en paralelo, la formación digital permanente de la ciudadanía; los derechos son protegidos por las leyes y la sabiduría se protege a sí misma.
No nos engañemos, en el ciberespacio la tecnología es absolutamente neutra, esta neutralidad se pierde al vestirla de experiencias que no aplicaciones. Mas de tres mil millones de teléfonos móviles residen en los bolsillos de otros casi tantos ciudadanos; estos cacharros para nada sirven, pero cobran vida en manos de personas inteligentes dotadas de los conocimientos necesarios para crear experiencias o para vivirlas de la forma mas eficaz.
La tecnología evoluciona muy rápidamente, y para que el ciudadano pueda mantener su control personal sobre la tecnología, necesita recibir una formación digital permanente.
Si la lengua española evolucionara, en velocidad y profundidad, como lo hace el ciberespacio, nos convertiríamos en analfabetos en menos de un lustro. Este es uno de los problemas que deben afrontar las acciones públicas que pretenden lograr la inserción tecnológica de los ciudadanos más desafortunados; una vez lograda, hay que estar preparados por si se produce un cambio de tal naturaleza, que vuelva a dejar fuera de juego a los recién repescados. Y no nos estamos refiriendo a un cambio de sistema operativo, de plataforma o de tipo de terminal, sino a una auténtica revolución, cambio de paradigma, como el que se está produciendo con la Web 2.0. De las tres dimensiones de esta transformación (tecnológica, aplicativa y económica), la primera es la menos importante, siendo las otras dos las que verdaderamente van a inducir la evolución.
En la dimensión aplicativa, el cambio fundamental pasa por el papel de auténtico protagonismo que asumen los usuarios, erigiéndose, además, en usuarios y proveedores de contenidos (CGU- Contenidos Generados por los Usuarios). Ya no se trata de seguir las directrices, más o menos intuitivas, de esta o aquella aplicación, sino de participar en una auténtica vivencia, muy similar a las que experimentamos en la vida real. Cuando se nos habla de “contextualizar la web 2.0 como un espacio virtual de oportunidades”, se nos está dando una idea de la dimensión del cambio al que nos estamos refiriendo.
La dimensión económica, y dentro de ella, el modelo de negocio, es una de las mas preteridas en los discursos relativos a este nuevo mundo, a pesar de que es la clave para que no se repita el crack económico producido por el estallido de la burbuja digital. La velocidad y entusiasmo con el que cada día se presentan nuevas empresas 2.0, ha hecho que empiecen a alzarse voces sobre los riesgos de que pudieran reproducirse los problemas económicos de principios de siglo que se llevaron por delante capitales, talentos y oportunidades, generando además una importante desconfianza empresarial en la tecnología.
Los enormes esfuerzos que las administraciones públicas vienen realizando en su lucha contra la brecha digital (ningún ciudadano desconectado de la tecnología), podrían perder parte de su valor, si nos olvidáramos de la nueva brecha digital que la web 2.0 está abriendo ahora entre ciudadanos ya conectados. Los que vienen de traspasar la grieta necesitan que otros crucen el nuevo rubicón para crear la riqueza necesaria que sustente las necesidades de los conectados.
La evolución tecnológica nos obliga a actuar a sabiendas de que cuando una brecha se cierra, otra se abre.
Las nuevas tecnologías en general y la red en particular, están generando en el ser humano nuevas pautas de comportamiento que, por no publicitadas, permanecen en el “almario” de cada uno de nosotros. Desde hace varios años se vienen haciendo importantes esfuerzos para acercar la tecnología a los que sufren cualquier tipo de discapacidad; gobierno, fundaciones y empresas realizan importantes inversiones para que estas personas puedan gozar de las posibilidades que ofrece el uso de Internet. En los cursos de introducción que se imparten en los telecentros, se presta una particular atención a los aspectos psicológicos que condicionan la relación con la tecnología, siendo de todos ellos, el miedo, uno de los más importantes.
Son muchos los factores que dificultan el uso y disfrute de las TIC, como también son numerosos los aspectos de la personalidad que entorpecen las relaciones sociales, y de ellos vamos a referirnos a la timidez.
El dialogo cara a cara, o incluso, a través del teléfono, no es tarea fácil para los tímidos, lo que les hace perder multitud de oportunidades sociales. La tecnología ha hecho posible una modalidad de contactos masivos a través del networking, puesto en práctica mediante unas bases de datos en donde se registran tanto los que quieren ser contactados como los que desean establecer contactos; una vez detectado el interlocutor, mediante SMS se fija un encuentro, que se materializa en algunos sistemas con la ayuda de un GPS. Desde que se establece el contacto, los interlocutores se cruzan todo tipo de información preparatoria para la entrevista.
Estamos entrando en un mundo en el que las relaciones interpersonales son imprescindibles para realizar transacciones de cualquier tipo. El networking se viene practicando desde hace muchos años, pero solo ahora, con ayuda de la telefonía móvil, se han podido implantar sistemas en los que identificar a la persona con la que queremos interactuar, y reunirnos con ella, es cosa de darle a la tecla. Si las empresas quieren hacer ofertas personalizadas, los compradores deberemos personalizarnos.
Un buen cursillo de “networking para tímidos” ayudaría a muchas personas a traspasar la barrera comunicacional.
En estos días, la expresión clave es “la red”, y hay que enfatizar el hecho de que nos estemos refiriendo a estos días, pues dentro de bien poco, el foco digital podría estar puesto en otra dirección. La sociedad en red, las comunidades en red, el marketing en red, y así un sinfín de situaciones caracterizadas, entre otras cosas, porque en ellas todos los participantes tienen iguales derechos y deberes.
Para el cibernauta de pocos años, lo de la comunicación horizontal le debe parecer la cosa mas natural del mundo, pero para los que venimos de la prehistoria digital, fue todo un logro disfrutar de la comunicación entre colegas, abandonando los sistemas en que todos los mensajes debían pasar siempre por un elemento central, el host.
Los espacios de la galaxia digital se parecen un poco a los locales en los que se reserva el derecho de admisión; acceso libre, pero si tu aspecto no convence te dejan fuera. Enseñando la patita, ahora se puede entrar en cualquier sitio, con la única servidumbre que la extremidad que dejas ver forma parte de tu huella de identidad, y todos sabemos que las huellas, donde mejor pueden estar es en ninguna parte.
Son muchas las vidas virtuales que podemos encontrar en la red, y su grado de semejanza a la vida real va en aumento. Hablamos ya de una segunda vida, a la que, con toda seguridad seguirán otras; ¿implica este concepto que podremos disfrutar de una segunda oportunidad? Los habrá que intenten vivir en todas ellas al mismo tiempo, pero el riesgo es que en algún momento lleguen a olvidarse de cual es su vida real; ¿o es que la vida real va a ser embebida por la virtual?, ¿no era este el argumento de Matrix?
La tecnología no es neutra, pues su sola presencia ya condiciona el entorno, pero que duda cabe que, al final, todo dependerá del uso que hagamos de ella. Las sociedades virtuales son un instrumento poderosísimo de cohesión social, y puede que lleguen a convertirse en un pilar básico de la sociedad del conocimiento.
Equiparar el desarrollo de Internet con el número de cibernautas, podría complementarse contabilizando el número de vidas virtuales que se están viviendo dentro de la red.
Hace ya algunos años, Internet se convirtió en un organismo vivo. Empezó siendo un artefacto manejado por universitarios e investigadores, y se ha transformado en un sistema con vida propia, pues tiene los dos atributos básicos de la vida: la capacidad de replicarse, y la capacidad de crear orden. El nivel de desarrollo al que ha llegado la red es de tal envergadura que sus fronteras son inexistentes, lo que le permite cobrar formas distintas e impredecibles. La distancia que separa los aplicativos de la infraestructura que los soporta es de tal naturaleza, que el mundo virtual que se está construyendo sobre ella posee atributos propios, para nada condicionados por las características de los elementos físicos y lógicos; enfatizamos el concepto de la web 2.0, pero no prestamos igual atención a Internet 2.0.
El objetivo básico que se perseguía con la puesta en funcionamiento de Internet, no era otro que el de comunicarse para poder compartir conocimientos, con lo que nos encontramos con una característica básica del ser humano, como elemento básico de diseño.
Con la aparición de la web, la información tomó el mando, hasta que el concepto de red impuso su ley, al potenciar al máximo el establecimiento de comunidades/sociedades en red, donde los enredados no imponen sus normas sino que estas evolucionan a medida que van llegando nuevos ciudadanos.
El prefijo e aplicado a toda suerte de sistemas, nos indica que los aplicativos replican la realidad para trasplantarla a la red, eso si, con las mejoras introducidas en su funcionalidad en base a las posibilidades ofrecidas por Internet. La administración virtual podría no tener mucho en común con la e-Administración.
A lo largo de toda su historia, el ser humano ha soñado, inventado, fabricado y utilizado artefactos concebidos a su imagen y semejanza. En el caso de Internet parece que hemos ido un poco más lejos, al construir un sistema vivo y que hasta podría tener vida propia.
Hace dos décadas que Internet iniciara su acelerada penetración en todos los entornos de nuestra sociedad; los cibernautas comenzaron a contabilizarse por decenas y enseguida por cientos de millones. A finales de la pasada centuria se confirmaron los temores de que la difusión de la red no se materializaría sin daños colaterales. La ONU y la ITU, tomaron enseguida el testigo y, con los resultados de las investigaciones realizadas, se llegó a la conclusión que los beneficios de la Sociedad de la Información no se estaban repartiendo de forma equilibrada. Se había producido una brecha digital, a un lado los afortunados con acceso total a las TICs y al otro los desconectados, los que no tenían ninguna posibilidad de mejorar su calidad de vida gracias a la tecnología. El terremoto Internet había producido una falla, a la que se bautizaría con el nombre de brecha digital, por estas latitudes, y digital divide al otro lado del atlántico.
En la lucha contra la brecha digital, gobiernos y sector privado han venido realizando grandes inversiones para conseguir que los no conectados pudieran gozar del acceso a las TICs, necesario para asegurarse un desarrollo personal adecuado, imposible de lograr desde el otro lado de la brecha. Las materias impartidas a los iletrados tecnológicos suelen ser aquellas que le permiten familiarizarse con el PC y con la navegación en Internet. Con este bagaje de conocimientos se supone que el ciudadano conseguirá el grado de madurez tecnológica necesario para insertarse en la sociedad de la información.
Hasta aquí hemos hablado de cómo hacer frente a la grieta producida por la irrupción de Internet en nuestras vidas. La pregunta ahora es ¿Qué sucede cuando los conocimientos adquiridos en los telecentros se quedan obsoletos debido a la rápida evolución de la tecnología?; la aparición de la web 2.0 es una buena prueba de lo que estamos diciendo. Nos encontraríamos con lo que hemos dado en llamar réplicas, que producen brechas digitales de segundo orden, y que deben ser salvadas con procedimientos similares a los anteriores, pero con distintos contenidos.
Los menesterosos suelen ser el tipo de ciudadanos mas afectados por la brecha digital de primer orden, mientras que las de segundo podrían impactar a colectivos mucho mas amplios y a los que hasta ahora no se les ha prestado atención.
Aunque no hayamos terminado de eliminar las desigualdades de la brecha digital de primer orden, ya deberíamos estar ocupándonos de las producidas por las réplicas del terremoto digital.
Oídas las partes interesadas, pero no escuchadas las perjudicadas, parece probable que el gobierno apruebe en breve una ley por la que se aplicaría un impuesto, hasta un 5%, a los aparatos inteligentes, en razón a que estos podrían ser utilizados en operaciones ilegales atentatorias contra el derecho a la propiedad intelectual; los cientos de millones de euros que se pudieran obtener por la aplicación de este canon, irían a parar a las arcas de las sociedades que gestionan los derechos de autor, a las cuales habría que felicitar por la nada pírrica victoria que están a punto de conseguir.
Y digo yo, ¿por qué debo soportar ese impuesto si no tengo voluntad de delinquir? ¿por qué he de pagar por una funcionalidad que yo no he solicitado? , ¿por qué no se venden cacharros capados al gusto del comprador?, ¿porqué debo aceptar que mi teléfono móvil funcione en modo MP3 si le tengo alergia a los auriculares? El usuario no tiene la culpa de que las máquinas ofrezcan tantas posibilidades. Una solución parcial y simple a este problema, podria consistir en poner en el mercado la “tecnología capada”, funcionalidad que quiero funcionalidad que pago. Esta propuesta, de muy costosa y difícil aplicación, no es nada original, pues a finales de los sesenta se obligó a IBM a aplicar el unbundling, por el cual el usuario de sus ordenadores compraba únicamente el software que necesitaba, y no se veía obligado a adquirir toda una serie de programas de dudosa utilidad.
Estamos inmersos en la era del multimedia, lo cual significa que cada día más dispositivos serán capaces de captar, almacenar y distribuir contenidos en forma de texto, imágenes y video. Con esta evolución tecnológica llegará un día en que el usuario de todo cacharro inteligente sufrirá el canonazo correspondiente. Si cunde el ejemplo en otros países, habría que aplicar este impuesto, entre otros, a los más de dos mil millones de teléfonos que operan en el mundo.
Hace unos años se estrenó una película futurista titulada “Minority Report (2002)”, en la que la policía de un futuro imaginario, dotada de la tecnología mas vanguardista que imaginarse pueda, dedicaba sus mejores esfuerzos a detener a todos aquellos que “tuvieran pensado” cometer un acto delictivo. La ley del canon nos transporta a ese mismo futuro cinematográfico, pero sin que la Administración tuviera que gastarse un solo euro en sistemas tan inteligentes como los que aparecian en pantalla; al asumirse que sus compradores van a recibir, almacenar y distribuir productos audiovisuales protegidos por la ley de propiedad intelectual, se les transfiere, automáticamente, a la categoría de presuntos culpables.
El que esto escribe está a favor de la propiedad intelectual. En muchas circunstancias, la creación artística no tiene por qué ser considerada como un bien público, sino como una aportación individual a la sociedad y que, por ello, debe ser retribuida. El trabajo realizado por muchos profesionales podría ser considerado como creación artística, ¿por qué entonces habría de pagarse sueldo alguno a su creador? No la liemos, una cosa es aplicar un canon indiscriminado y otra bien distinta es salvaguardar el derecho a la propiedad intelectual. Es este un peliagudo problema que solo podrá resolverse con dialogo, generosidad e imaginación. En la era 2.0 no podemos intentar solventar esta cuestión con soluciones de la época del transistor.
Encontrarse en precampaña electoral, podría ser razón suficiente para que el gobierno aplazara la promulgación de esta ley. No dejaria de ser un contrasentido que en plena promoción de la Sociedad de la Información, los esfuerzos de la Administración por impulsarla, pudieran verse dificultados por el gravamen del canon aplicado a las TICs.
La teleatención al cliente se ha convertido en una práctica común en muchos sectores entre los que cabria destacar el de las telecomunicaciones. Desconozco si alguna entidad se dedica a recoger las quejas de los ciudadanos sobre el mal servicio que reciben con demasiada frecuencia, pero tengo la convicción de que extrapolando lo que a uno mismo le sucede, podría obtenerse una foto fija muy próxima a la realidad. La sofisticación de estos servicios llega a causar auténticos quebraderos de cabeza a los usuarios poco avezados y a los que ya no lo son. Cuando una máquina te pide que le digas lo que quieres, lo normal es que no entienda tu respuesta; cuando el sistema te pide que identifiques con un número el servicio con el que deseas contactar, lo normal es que te falten números. Pero, sin duda alguna, la situación mas frustrante se produce cuando se corta la comunicación, después de haber estado mas de un cuarto de hora facilitándole a un operador todo tipo de información, que el ya tenia en su pantalla; se te pone auténtica cara de tonto pues hay que volver a repetir toda la operación, desde el inicio. Las anécdotas y chascarrillos se podrían contar a centenares, y por añadir una mas, hay empresas que no publican su teléfono en la web, razones de seguridad se nos dice, razones de desatención al cliente se les debería responder.
Seria importante no perder nunca de vista que la tecnología debería ser siempre complemento y nunca alternativa. Manejar todas las operaciones bancarias a través de Internet, no es obstáculo para que de vez en cuando se visite al director de la sucursal para hablar del mar, de los peces y de la posición bancaria que uno tenga. Este directivo es lo que en la salud se correspondería con la figura del médico de familia.
Bienvenidos sean todos los sistemas que contribuyan a mejorar la calidad del servicio que se nos presta, pero que nunca se olvide que calidad y calor humano deberían ir siempre de la mano.