UNA HISTORIA OIDA.
24/11/2007
Ayer me sentí identificado con algo que leí, o quizá lo oí en la radio, no sé, y que a mí me ha pasado cantidad de veces. Como yo soy, creo, un tipo normal supongo que lo que os voy a contar le habrá pasado a todos los tipos normales que pueblan esta pelota achatada por los polos que llaman Tierra (definición de mis tiempos de primaria sobre este planeta, disculpen pero uno tiene sus recuerdos).
Se trata de un individuo muy responsable, apreciado por eso por sus jefes y admirado por sus ompañeros, un individuo que nunca ha faltado a su trabajo, que con catarros tremendos y con gripes declaradas no ha faltado ni una vez a sus obligaciones (lo que ha servido para contagiar a otros más debiluchos que él, causando un montón de problemas laborales).
Pues bien, este individuo llega un día ante la puerta del edificio donde trabaja y de pronto un pensamiento le asalta: ¿Qué pasa si hoy no va al trabajo? ¿Le echarían de menos? ¿La empresa empezaría a ir mal? o, por el contrario, nadie le va a echar de menos y la jornada laboral acabaría como todos los días a las seis de la tarde sin problemas de ninguna clase.
A partir de ese momento guardó cama al menor catarro, solicitó sus partes de ILT (Incapacidad Laboral Transitoria) puntualmente y puntualmente los presentó en su empresa y puntualmente lo pusieron en la calle a pesar de que la empresa iba como siempre y a pesar de que nadie lo echó de menos.
Esto debería acabar con un EN FIN como los de Aster Navas, pero no me atrevo a hacer semejante cosa.
PD. La foto no corresponde con esta historia, pero ¿a que es bonita? ¿no?. A mí me gusta.
PD. A mí me ha pasado un montón de veces, a la puerta, de mi gran empresa, el mismo pensamiento de: qué pasa si no entro". Nunca me atreví a intentarlo. Ahora me arrepiento, pero ya no puedo volver atrás.
¿QUIÉN? ¿CÓMO? ¿POR QUÉ?
08/10/2007
Cada vez que me aproximo a un pueblo -lo mismo da de qué región- no puedo dejar de pensar en quién promovió su construcción, cómo la hicieron en ese lugar tan alejado -al menos ahora- de todo y sobre todo por qué. Por qué erigir en un pequeño villorrio -incluso entonces también lo sería- una construcción así cuando lo más probable es que quienes participaran en su construcción carecieran de casi todo. Parece claro que los que la comenzaron, casi lo único que debieron poseer en cantidades importantes era voluntad, aunque supieran que ellos no verían terminada su obra.
No soy creyente pero me da envidia aquella gente. ¿Igualito que hoy?. Espero que si, que todavía quede gente así.
PARAGUAS
08/10/2007
Paraguas. Una isla que acoge y separa del resto de la gente. Paraguas olvidados y nunca recuperados. Paraguas de diversas formas y tamaños. Paraguas de colores y de anuncio. Todos producen la misma sensación, la de acoger en un lugar confortable en medio de la lluvia.
Por qué la lluvia forma parte de los recuerdos melancólicos. Naturalmente cuando es una lluvia civilizada, suave, tranquila. La que se lleva bien con mis paraguas. La otra, la lluvia salvaje, la que vuelve los paraguas, anega los sótanos y vuelca coches no es compatible con mis paraguas. Esa no es lluvia melancólica es una agresión de la naturaleza imposible de controlar.
Hubo una época que un hombre no podía llevar un paraguas de colores. Mi padre tampoco podía ver que se abriera un paraguas dentro de la casa, tampoco que se le diera vueltas, aunque fuese en la calle. Yo no soy supersticioso –decía él- pero no hagas eso.
Ahora sí, ahora es posible ver a alguien bien trajeado con un paraguas rosa que le ha prestado una amiga y nadie se vuelve a mirarlo, sólo los envidiosos que, sin paraguas, se están mojando.
No sé bien a qué viene esto hoy, hace sol, un poco tímido pero hace sol.
SAN PEDRO. EN FRÓMISTA
05/10/2007
Frómista tiene fama por varias cosas. Y con justicia. Por un lado está el Canal de Castilla, sueño de la Ilustración. Por otro lado la famosísima iglesia románica de San Martín, llamada San Martín de Frómista. Iglesia toda armonía con unos canecillos que si te fijas bien puedes ver lo humoristas que eran los artistas de la edad media. Pero a mí me gusta más la enorme iglesia de San Pedro (ver fotografía). Iglesia con la nave torcida (lo que se aprecia desde el interior): si te situas al fondo, a la derecha, no verás el altar.Nadie me ha podido explicar qué es lo que ha motivado semejante cosa. Aún así me encanta. Está Frómista en la provincia de Palencia. Preciosa la provincia y sus iglesias románicas.
PARA UNA VIAJERA POR LA GEOGRAFÍA DE AQUÍ.....
19/09/2007
Yo no salgo de Madrid en verano. Aquí estoy muy bien. Pero en cuanto llega septiembre me atacan las ganas de salir de la ciudad. Debe ser porque esto estaba estupendo en agosto y de pronto dejo de estarlo. Así que me he ido unos pocos días a Jávea. He visitado los alrededores y he contemplado el mar. He leido mucho en su orilla y su música me ha acompañado mientras lo hacía. También me he homenajeado con alguna que otra estupenda paella y con alguna que otra copa nocturna en lugares a los que quisiera volver.
Lo único que me apena es ver el muro de hormigón que separa el mar de la tierra firme, muro compuesto de enormes y horribles construcciones que, de seguir así, acabarán por ocultar la impresionante geografía que nos rodea. Una muestra de ello ahí os la dejo: es el Montgo, solo tiene 750 metros de altura pero su arrogancia es infinita.
Saludos a todos y especialmente para tí, Maya.
¿...............?
19/09/2007
¿Quién será ese? Me parece conocido. Esos ojos vidriosos no me suenan, pero sí esa barba que necesita un retoque.Ese rictus que no llega a media sonrisa me recuerda a alguien que fue y ya no es. No tiene mucho pelo pero el que tiene aún carece de canas. Hace una mueca que me resulta familiar, familiar cuando me duele el estómago. Me canso de ver en el espejo el paso de los años, aunque no me importa. Apago la luz y me voy.
TESTIGO OCULAR
12/09/2007
No era ni joven ni viejo, tenía esa edad que se podría definir como mediana. No era alto, pero tampoco bajo, era lo que se podía decir como de estatura media. Su pelo no era oscuro aunque tampoco era claro, podía decirse que su pelo era de un color indefinido. Tenía los ojos de un color que dependía de la luz, podía decirse que eran de color indefinido. Cuando hablaba su voz sonaba grave, aunque a veces tenía un cierto tono agudo, cuando se excitaba.
Gracias, dijo el comisario, ha sido usted de gran ayuda con la descripción que nos ha dado.
PENDOLISTA
06/09/2007
Le decían academia, en realidad no era nada más que dos habitaciones en el tercer piso de una casa antigua del centro de Madrid. Fue mi colegio a los ocho años.
A veces, ahora, cuando paso por la plaza que se veía desde los balcones de la academia de doña Julia veo un aparato de aire acondicionado en el lugar en que entonces había una niña mongólica, como decíamos entonces. Nieta de doña Julia.
Recuerdo bien la escalera de la casa, los escalones eran de madera y estaban gastados. Las puertas de los cuartos eran oscuras y pesadas y la del tercero estaba siempre abierta para facilitarnos la entrada a nosotros: los alumnos.
Traspasada la puerta un pequeño recibidor y enseguida una habitación que era la clase de los llamados mayores. Frente a la puerta por la que se entra a la habitación un balcón y en el espacio, pequeño, entre el balcón y el rincón de la habitación estaba don Carlos sentado en una pequeña mesa de cocina reconvertida en mesa de profesor.
Nunca supe, creo que tampoco me importaba, si don Carlos era soltero o casado. Era rubio oscuro, de pelo rizado, no muy alto, de pecho hundido y aspecto debilucho. Tenía una voz potente y unos risueños ojos azules. Fumaba constantemente por lo que sus dedos de la mano izquierda estaban amarillos. Sabía ser enérgico y también amistoso.
A la derecha del balcón, en diagonal con la entrada desde el recibidor, se abría una puerta, mejor un hueco porque puerta no había, que daba paso a la habitación que contenía la clase de los pequeños, que comandaba doña Julia. Ella era tía de don Carlos. Era una mujer enorme, gruesa con una gordura malsana y un olor a queso rancio horrible. Llevaba su pelo gris recogido en un moño en la parte posterior de la cabeza y avanzaba por la clase de los mayores como un galeón bamboleante camino de la suya. Era poseedora de la letra más bella que yo haya visto nunca. Los palotes que en sus cuadernos rayados trazaban los pequeños habían de ser perfectos para que pudieran tener más adelante alguna posibilidad de poseer una escritura lejanamente parecida a la de doña Julia. Yo hago, todavía, esfuerzos por que mis des mayúsculas me salgan con las mismas elegantes volutas que doña Julia imprimía a las suyas, pero es tarea inútil.
Sabíamos que los palotes habían salido imperfectos cuando oíamos la voz grave, aguardentosa de doña Julia, regañar al pequeño monstruo incapaz de sostener adecuadamente el lápiz.
En la clase de los mayores un pupitre alargado corría a lo largo de dos de las paredes. En este pupitre se sentaban los mayores. El centro de la habitación lo ocupábamos los menores de entre los mayores sentados en banquetas, provistas por nosotros, y con la cartera como mesa sobre las rodillas.
Tiempos pasados.
JUEGOS
30/08/2007
¿Alguien recuerda lo que era jugar al tacón? ¿Alguien sabe lo que son las majuelas? ¿Alguien ha jugado a pídola? Y ¿alguien se ha echado una meta con un amigo?.
¿Sabéis lo que es hacer un partido de fútbol con una pelota hecha con papeles y una cuerda? Nosotros recuperábamos la cuerda cuando la pelota se nos deshacía, que era bastante pronto, salvo que la hubiese hecha mi hermano, que era un verdadero genio haciendo pelotas que duraban el doble que las que hacíamos los demás.
Si alguien puede contestar a alguna de esas preguntas es que es de mi generación. Una generación que ante los reveses de la vida sólo podíamos apretar los dientes y continuar. No había psicólogos que atendieran a nadie cuando había una catástrofe familiar. Nadie se volvía hacia ningún sitio en demanda de ayuda. No había nadie, nadie que te pudiera ayudar, sólo la familia y los vecinos que tejían una red de solidaridad que ahora sería impensable. Ahora no conocemos a nuestros vecinos. Si acaso hablamos del tiempo en el ascensor con los más conocidos.
¿Alguien sabe lo que es el engrudo? Yo he pegado cromos en un álbum con ese producto. ¿Alguien se acuerda del Sindetikon? Era lo que llamábamos pegamín, era todo un lujo. El engrudo lo hacías en casa con agua y un poco de harina (no eches mucha, decía mi madre), el pegamín había que comprarlo, por eso era un lujo.
Actualmente palabras como Wii, PlayStation3 y otras similares resuenan a mi alrededor y veo que los niños se aburren. ¿Será posible?
VERANO
25/08/2007
Beldar, bieldo, bielda (que no es igual que el anterior), trocha, albarca, cebadera, horca, gavilla, fanega, bálago, celemín, albarda, parva, azumbre, arreos, adobe, era, aventar, Hermosas palabras ya casi perdidas, y otras más que no recuerdo, perdidas por mí en los recovecos de la memoria.
La campana de la iglesia llamando a misa, tocando a muerto, repicando alarma cuando acontecía algún percance. La iglesia junto al camposanto, palabra más bella que cementerio, más triste que aquella. Junto a él el campo de fútbol delimitado por matojos y con unas rústicas porterías.
En la era se había extendido la parva de doradas espigas. Semejaba un colchón dorado, circular, de tres palmos de altura. Sobre la parva el trillo esperaba. Sobre él se había colocado un taburete y un cubo metálico, de zinc, con un asa. Era temprano pero el sol ya espantaba los vientecillos frescos que me agitaban la camisa, pronto haría calor. A lo lejos venía ya el señor Poli conduciendo la pareja de bueyes que una vez uncidos al trillo darían vueltas y vueltas sobre la parva cortando las espigas y sacando el grano de trigo de su alojamiento.
Era alegre aquel tiempo, me podía sentar en el taburete y dejar a los bueyes dar vueltas a su aire. Mi única misión era vigilar cuando uno de los bueyes levantaba el rabo, señal de que iba a soltar una moñiga, grande y caliente. Había que andar listo para poder el cubo, a modo de orinal, para que la moñiga no cayese a la parva. Lo grave era cuando los dos bueyes hacían aquello al tiempo. Sin embargo el lento caminar de la pareja de bueyes producía en mí una suave somnolencia que procuraba alejar bajando y subiendo del trillo sin que este dejara de moverse arrastrado por los dos bueyes.
El señor Poli llevaba también un botijo con agua fresca que dejaba a resguardo de la sombra que producía el montón de gavillas traídas del sembrado y que esperaban su turno para ser trilladas. Era aquel hombre un tipo grande, grueso, con la cara curtida y surcada por profundas arrugas, como los surcos de las tierras que labraba. Siempre llevaba una camisa blanca, abrochada en el cuello, un chaleco negro, pantalón negro de pana, faja y boina negras. Calzaba abarcas que apenas contenían unos enormes pies.
A veces el señor Poli me invitaba a almorzar, sobre las once de la mañana, y hacía lo propio con los bueyes. A ellos les ponía una cebadera y él y yo disfrutábamos de una rebanada de pan sobre la que poníamos un pedazo de tocino entreverado que íbamos cortando a la vez pan y tocino y a trozos regulares. Había suerte si disponíamos de un tomate para compartir como final. Unos tientos al botijo remataban el almuerzo.
La foto no viene a cuento pero ¿a que es una belleza?