vivencias de un alcalaíno en la capital
Está claro que en este país que aún se llama España nos gusta el jaleo. Ni siquiera en Navidad podemos dejar de lado las rencillas y las disputas y, para demostrarlo, ahí está la tramitación en el Congreso de la Ley de Memoria Histórica, que tiene la extraña virtud de conseguir que ningún partido político esté de acuerdo con ella, salvo el PSOE, lógicamente, pero que, al mismo tiempo, no estén de acuerdo con los postulados del resto de partidos. Vamos, que cada uno tira por su lado y pasa del consenso.
Entiendo a los que dicen que esta nueva ley solo sirve para reabrir viejas heridas y resucitar el fantasma de las dos Españas, aunque tal y como está el patio, lo de las dos Españas parece que no hubiera pasado de moda nunca. Pero también entiendo a los que quieren recuperar el cadáver de un padre, un abuelo, un tío o un amigo fusilado vilmente y enterrado en la cuneta de un camino rural cualquiera por alguno de los dos bandos, porque esa es otra: en la Guerra Civil tan bárbaros fueron unos como otros.
No deja de ser paradójico que nos entristezcamos por que Pinochet haya muerto sin rendir cuentas a la justicia y, al mismo tiempo, queramos sepultar en el olvido las injusticias de la Guerra Civil (de los dos bandos, insisto) y de la dictadura de Franco. Oí el jueves a un político del Partido Popular decir que durante la 'Trancisión' (lo dijo así, lo juro) había servido para reparar las heridas de los perdedores de la guerra y de las víctimas del franquismo. Pues no estoy de acuerdo, la Transición fue un 'borrón y cuenta nueva' pactado entre todos para salir airosos del franquismo y entrar en democracia, con la nariz tapada si era necesario, porque era lo más urgente.
El problema es que uno duda de que con esta ley se puedan recuperar los cadáveres escondidos en los campos de España o restituir la dignidad perdida en juicios sumarísimos de militares leales a la República, maestros o funcionarios durante el franquismo. Esta Ley de Memoria Histórica parece un brindis al sol, un gesto de cara a la galería, pura proganda electoral vacía de contenido real. Somos un país con mucha historia y muy poca memoria, y dudo de que las leyes ayuden a curarnos la amnesia.
1. Hace un par de semanas estuve en la exposición del Instituto Cervantes sobre los Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil (Os la recomiendo: http://www.elmundo.es/metropoli/2006/11/21/arte/1164110291.html) y no pude reprimir el escalofrío al constatar el parecido del dicurso franquista con el que podemos escuchar en las ondas hoy, 70 años después... y aún así, es verdad, somos desmemoriados. Qué le vamos a hacer.
Estoy contigo, Rubén. No tengo claro que vaya a servir de nada... y aunque quede feo decirlo, pienso que en el fondo el fin último es ése (propaganda electoral) u otro peor (tenernos a todos mirando hacia donde a ellos les interesa, para que no les discutamos lo que de verdad nos interesa a los ciudadanos)