Madrid

Historias cotidianas

De cómo lo cotidiano supera las ideas preconcebidas

Todos buscamos la autoridad

19/03/2007

Están locos estos romanos… Obélix tenía razón. Pensar que hasta se preocupaban de a quién te pertenecería la propiedad de una isla que surgiese en medio de un río… En fin. De todos modos, la locura muchas veces encubre también una genialidad o capacidad superior en una determinada materia. Es ésa la razón por la que también tenemos muchas cosas que agradecerles a los romanos, como su gran capacidad para relacionarse con su ambiente, analizarlo y comprenderlo.

Una de las mejores herencias que nos ha dejado la tradición romana es la diferenciación entre la potestad o legitimidad (potestas) y la autoridad (auctoritas), a la hora de analizar el poder. Por legitimidad entendían la toma de decisiones con base a unos procedimientos legalmente establecidos y por autoridad, la fuerza moral de las personas que tomaban esas decisiones. Siempre lo ideal es que estas dos caras del poder coincidan en la misma persona, pero desafortunadamente esto no tiene por qué ser así y, de hecho, en muchas ocasiones no lo es.

En esta situación nos encontramos constantemente en nuestra vida diaria. Desde el padre en la relación con sus hijos, hasta los políticos en el ejercicio de sus funciones. No es extraño en los últimos años encontrarnos con líderes políticos que nos comentan que las decisiones que han tomado son acordes a la ley (potestas). ¡Faltaría más! Lo que ya sería el colmo es que además de inútiles fuesen delincuentes. Sólo en las decisiones en las que realmente creen, se darán argumentos que puedan reforzar su autoridad (o como gusta decir ahora “carisma”)

Yo por lo general trato de desconfiar de la gente que basa sus argumentos en una supuesta legitimidad. “Es que tengo dos maestrías en prestigiosas escuelas de negocios”, “Es que a mí me han nombrado para tomar decisiones” “Es que no te hemos contratado para pensar”... Suelen ser síntoma de inseguridad. El que tiene autoridad no necesita remarcarlo. La gente es lo suficientemente inteligente para darse cuenta.

Las legitimidades surgen un momento puntual, que dan capacidad para obrar, y un cierto grado de seguridad, ya que te suelen ser durante periodos de tiempo establecidos. En cambio, conseguir la autoridad es algo mucho más complicado, ya que conlleva un gran trabajo cotidiano, muchas veces silencioso, que implica tiempo y esfuerzo. Eso es lo que nos lleva a seguir a una persona o confiar en ella, no por el cargo o título que tiene, sino por lo que es. Además la autoridad tiene un gran riesgo y una gran responsabilidad, ya que se puede perder de un momento a otro. Una incoherencia o un error pueden acabar con ella, con unas consecuencias mucho peores que para una persona que nunca haya tenido esa autoridad.

La autoridad está en todas partes, desde la familia o la pareja, hasta la vida social. Un caso paradigmático es el de los padres. En el momento en que nace un bebé cuentan con toda la autoridad y toda la potestad. Son las personas que han de tomar todas las decisiones por él, ya que de ello depende su propia supervivencia (ej: impedir que se acerque a una ventana para que no se caiga). Cuando el niño es pequeño se va a producir la fascinación por la autoridad del padre, pero al entrar la adolescencia y el paso a la edad adulta, el modo en que se haya ejercido la autoridad hará que el cariño y el respeto del hijo se mantenga, aumente de manera consciente o se acabe rechazando.

Otro caso de autoridad es la que se produce en la vida social, dentro del grupo de amigos, en la vida profesional o como referente de determinadas personas. Y es que en esta vida todos buscamos la autoridad. Nuestra capacidad limitada de llegar a las fuentes de conocimiento o de analizar las situaciones a las que nos enfrentamos, nos hace confrontar nuestras opiniones con gente a la que hemos atribuido autoridad. Es por eso que solicitamos el consejo de nuestros amigos, leemos un determinado periódico o escuchamos una radio determinada. Al final tendremos que tomar nuestra propia postura e interiorizarla (que no tendrá que ser necesariamente idéntica), pero sin esa ayuda autorizada nos resultaría mucho más complicado elaborar nuestras propias ideas.

Como todas las circunstancias que conllevan un poder no reglado o acorde a una ley escrita, su deformación en altamente peligrosa. Una persona que utilice mal su autoridad se puede convertir en un manipulador o en un populista, de manera que anule y destruya a las personas sobre las que ejerce esa autoridad. En ese momento nos encontraríamos ante autoritarismo o tiranía. Por eso hemos de estar siempre vigilantes para que la autoridad que buscamos nos ayude a desarrollarnos como personas y no a convertirnos en unas simples ovejas dentro de un rebaño.

Como dije al principio, lo ideal sería que coincidiese la autoridad con la legitimidad. Sin embargo, es curioso cómo muchas veces cuando se consigue la potestad baja la autoridad de las personas, pero eso ya sería otro tema…

http://madrid.cuadernosciudadanos.net/Jualpofu/2007/03/19/todos-buscamos-la-autoridad/
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Comentarios:

  • 1. Y cada vez es mas difícil que un padre mantenga la autoridad y legitimidad ante un hijo. En las anteriores generaciones todo lo que llegaba a los hijos pasaba por el filtro del padre. Ahora los estímulos, informaciones y modelos a seguir les llegan desde tantos sitios que los padres se convierten en uno más. Y la competencia es dura, creeme...

    Publicado por: Gabriel | 20/03/2007 11:29:52
  • 2. Legítimamente puedo decir que estoy en contra de toda autoridad (impuesta).
    Nunca me gusto eso de argumento de autoridad, siempre preferí argumento de racionalidad...o argumento a secas...

    Publicado por: Groove | 20/03/2007 11:50:36

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