Ratas o capitanes
27/11/2008
Si hacemos caso al refranero popular, llegaremos a la conclusión que los primeras en abandonar los barcos son las ratas, mientras que el último en abandonarlo es el capitán. Para no ser acusado de sexista, diré que me resulta indiferente que los primeros en abandonar el barco sean los ratones y la última, la capitana.
Sin embargo, acudiendo al mundo de lo real, nos encontramos con que los capitanes, al ser personas con una dilatada experiencia y de valor probado para la sociedad, son los primeros que han de ponerse a salvo, mientras las ratas hacinadas buscan la protección en la casa de un cónsul. Mientras los capitanes cuentan sus historias con las luces de los fotos y la gente se admira de su valor a la hora de caminar por "charcos de sangre", hay gente que todavía no ha regresado a sus casas. Mientras el director de Promomadrid está descansando en su hogar junto con su familia, el currito del mismo organismo que se encargó de la preparación del evento está junto a una familia improvisada de casi quince personas.
Sinceramente, no soy quién para juzgar a nadie. Es ciertamente muy complicado decidir en una situación límite y podemos saber si realmente la decisión la ha tomado el alto cargo o si lo han tomado otros por ellos. En una situación en la que el terror te atenaza, es lógico pensar en tu propia seguridad y salir huyendo. Rodeado de disparos y pudiendo escapar, ¿quién no lo haría?
Sin embargo, el paso a la grandeza y a ser el "gran capitán" está ahí, en comerse el miedo y darse cuenta que ser el primero, estar designado a ser el gran número uno, consiste en ser el último en los momentos de crisis, en cuidar de las personas que te han dado la confianza para ser el líder. En ser la última persona en salir de la casa del cónsul, una vez que todos los miembros de la delegación que encabezas están a salvo.
Desde un punto de vista egoísta, esto hubiese hecho de la "lideresa" una persona admirada por todo el mundo, una verdadera capitana y quizá el tipo de persona que todo el mundo quisiera tener por presidenta... pero si quieres pasar a la posteridad, tienes que tomar riesgos en situaciones límite... y no es fácil...
¿CRISIS O SOPAPO? Cada cosa a su tiempo
30/10/2008
Actualmente parece que desayunamos, comemos o cenamos con la palabra crisis. Quizá sea ésta una de las explicaciones por la que el consumo de omeprazol se haya disparado en los últimos meses, y es que las malas noticias siempre tienen un efecto laxante y de acidez estomacal importante.
Que estamos ante una crisis, palabra maldita hasta hace tan sólo unos pocos meses, es algo que ya nadie p
one en duda, sobre todo desde el punto de vista de las acepciones de la RAE que hacen alusión a una “situación complicada o dificultosa” o “escasez o carestía”. Coloquialmente lo podemos traducir como que nos hemos pegado un buen “sopapo”.
El problema que encierran las palabras polisémicas es no saber a qué se está refiriendo nuestro interlocutor al utilizar el mismo término que nosotros. Esto sucede con otro significado de crisis recogido por la RAE que se refiere a “juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente”, “cambios bruscos” o momentos claves”.
En cualquier caso, la diferencia esencial entre sopapo y crisis es que el sopapo es siempre negativo, es doloroso e implica sufrimiento. En cambio una crisis puede implicar una oportunidad, un periodo de cambio. Un sopapo nos puede hacer entrar en crisis, aunque no necesariamente sea así.
Cuando nos pegan / nos pegamos un sopapo, en el sentido literal de la palabra, lo primero que hacemos es tomar un analgésico, para que el dolor sea menor. Junto con el calmante vienen los antiinflamatorios, que sirven para combatir el daño, y el periodo de convalecencia, respetando las prescripciones médicas. Finalmente, solemos necesitar un periodo de fisioterapia para sanarnos completamente. Una vez estamos recuperados, analizamos sucedido y tomamos las medidas necesarias para evitar un nuevo sopapo, aunque, desgraciadamente, la sabiduría popular nos recuerda que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra (como algo llamado puntocom).
Ahora es tiempo de analgésicos y antiinflamatorios (y quizá hasta de torniquetes en este caso). Es tiempo de rescates financieros, compras de activos, inyecciones de liquidez, ayudas públicas, planes de recolocación de trabajadores, etc., para controlar el traumatismo severo que tenemos, poder dejar el hospital y comenzar la rehabilitación.
En cambio, no es tiempo de que políticos que en los últimos años se han jactado de los éxitos económicos de base insostenible, atribuyéndose el mérito de los mismos, sean los que ahora no sólo no reconocen sus culpas, sino que además se postulan como los impulsores de un nuevo sistema económico mundial, basados en la muerte del sistema capitalismo, pero sin proponer alternativas claras.
Cuando estemos rehabilitados, vamos a poder ser conscientes de lo que realmente ha sucedido y por qué hemos llegado a esta situación. Ya sabemos que nos hemos pegado un sopapo e intuimos lo que nos ha llevado al hospital. Que hemos de ser conscientes que el egoísmo y la escasez de miras de una sociedad nos ha llevado a querer vivir por encima de nuestras posibilidades, que hemos basado nuestras esperanzas en axiomas falsos, como que el precio de la vivienda nunca iba a bajar, que las reglas e instituciones de control de nuestro sistema han fracasado y hace falta rediseñarlas, etc.
Todo lo anterior ya lo intuimos y el periodo de la crítica se va a ir acrecentando poco a poco, pero cuando alguien quiere empezar la rehabilitación sin que la herida esté completamente cicatrizada, corre el riesgo de recaídas. Por tanto, no creo que las grandes reuniones que se avecinan, como la del G-20 en la que tanto queremos estar, sea el momento de grandes elucubraciones filosóficas, sino de determinar actuaciones coordinadas para resolver lo más urgente.
En los próximos meses, es sano que se abra un debate en el que se analicen con profundidad las quiebras que se han producido en el sistema y las reglas del juego que queremos fijar a partir de ahora. Necesitamos tomar plena conciencia de lo que ha sucedido y de por qué ha sucedido. Hemos de asumir cada uno desde nuestra posición la parte de responsabilidad que nos toca, por actores o por cómplices.
En ese punto se verá si realmente el sopapo va a implicar una crisis o no. Si realmente estamos ante el inicio de un nuevo sistema, o si lo que realmente queremos es mejorar el sistema capitalista que contamos en la actualidad, aprendiendo de los fallos cometidos. Mi opinión es que va a triunfar lo segundo porque, queramos o no, es el sistema que nos gusta y es el sistema que nos gusta llevar al límite. Cuando baje el consumo de omeprazol veremos la respuesta.
Follar es de pobres
08/02/2008
“Follar es de pobres, a mí que me la chupen”. Este comentario popular acerca de la supremacía de las felaciones sobre las penetraciones es para mí el mejor resumen de lo que ha sido la legislatura que está a punto de terminar. Y es que está claro que mientras que el follar requiere esfuerzo y dedicación, estar tumbado mientras te la chupan parece ser más cómodo
En eso hemos estado durante estos cuatro años. En vez de estar pendiente el gobierno de los temas que realmente interesan a los ciudadanos, como mejorar en los desequilibrios estructurales españoles, se ha dedicado a los placeres de polémicas vacías de grandes titulares y sólo destinadas a “grandes personas de estado” o iluminados..
Mientras existen problemas de competitividad, de acceso a la vivienda, de encontrar nuestro papel en un mundo internacional cada vez más exigente, durante estos cuatro años nos hemos dedicado más a redescubrir quiénes somos (organización territorial), de dónde venimos (memoria histórica) o si Dios existe (polémica con los obispos), que en saber a dónde vamos.
Para más desgracia, el de talante sin talento debe ser el único que para recibir una felación se acuesta boca abajo, con el resultado que ya vamos conociendo. Que al final nos han metido unos buenos pepinos por la parte de atrás, como el resultado de la negociación con ETA, las obras del AVE, o la crisis que no existe. Además sin vaselina, que duele más.
Por el lado opositor, desafortunadamente las cosas tampoco han ido mejor. Han entrado de lleno en el jueguito morboso y no han sabido ni llevar la iniciativa ni presentar sus propuestas. Desde el complejo de que realizar cambios implicaría dar la razón a las críticas recibidas al dejar el gobierno, no se han sabido adaptar a las necesidades de estos cuatro años. La conclusión ha sido un patio revuelto y estar más pendientes de sus problemas internos (con Aguirre y Gallardón a la cabeza) que de lo que importa a los ciudadanos.
Esa puede ser la diferencia con Francia, en la que su dirigente, aunque no tiene pinta de pobre, sí la tiene de follador empedernido. Por eso, a pesar de que aparece hasta en la sopa, mucha gente le sigue dando apoyo, porque suda la camiseta (y si me equivoco que salga la Bruni a negarlo). De todos modos, hay que tener cuidado con los que intentan imitar a los folladores, porque al final se puede descubrir que en realidad son unos eyaculadores precoces. Para eso tenemos el ejemplo de la propuesta del contrato para inmigrantes.
En fin, ¡qué triste designio el de nuestros políticos y qué difícil decisión que tomar en marzo! Esperemos que a partir de ahora se dediquen a follar más y a que se la chupen menos. Es la única manera de dar frutos.
oZtografía
19/10/2007
MemeZ, estupideZ o gilipolleZ son tres adjetivos que bien escritos y pronunciados sí que acaban en Z. Y es que es muy peligroso empezar con jueguecitos de palabras, ya que es fácil que a uno le vengan a la mente otras descripciones del protagonista del vídeo (otro más) autopropagandístico
Y es que ya vale de eslóganes vacíos y facilismo a la hora de presentarse a los ciudadanos, porque parece que consideran que nuestro nivel intelectual no va mucho más allá de aquél que demuestra nuestro señor presidente.
Y es que el talante sin talento es como el amor sin besos. Al principio puede ilusionar y parecer bonito, pero finalmente hastía.
Y como se puede decir todo con una sonrisa, espero que los efectos del Profidén diario se noten en estas palabras.
Mis cinco segundos de egoísmo
05/10/2007
Una décima de segundo, como en la canción de Antonio Vega, es la que me faltó el otro día para poder coger el metro camino a casa. Al final me quedé con un palmo de narices mientras la puerta se cerraba ante mí. Mi cara de lamento ante el conductor del metro no sirvió para que su corazón se ablandase y me permitiese entrar. Su mirada de desprecio fue la que más me indignó, por lo que un saludo con el dedo corazón en alto emergió, como acto reflejo ante esa cara prepotente. A pesar del cariñoso nombre del dedo en cuestión, su significado, como los besos de Judas, no hacía justicia al nombre de su protagonista.
El ver a otra persona reaccionar con la misma socarronería, me hizo catalogarlo inmediatamente como un egoísta. Total, ¿que supone para él esos cinco segundos (sentidos por mí como una décima) que implican volver a abrir las puertas antes de que el metro se vuelva a poner en marcha?
De todos modos, haciendo un análisis más pausado, me di cuenta que el egoísta era yo. Si tenemos en cuenta los datos proporcionados por el Metro de Madrid, la capacidad de los trenes de metro puede oscilar entre los 490 y los 1.292 viajeros, aunque en hora punta pienso que se pueden llegar a superar. Teniendo en cuenta estos datos, mis cinco segundos de egoísmo suponen entre 2.450 y 6.640 segundos, o lo que es lo mismo, entre casi 41 minutos y 1 hora y 51 minutos a cambio de 4 de espera por mi parte.
De todos modos, no creo que esté dispuesto a perder la oportunidad de que el próximo conductor se apiade de mi esfuerzo en forma de frenética carrera por las escaleras. Creo que las ideas de Adam Smith, acerca de que la búsqueda del propio beneficio es lo que hace que se mueva el mundo, pueden ser adoptadas en este caso como excusa propicia. Además, como normalmente no es sólo uno el que se beneficia, el egoísmo compartido hace que el cargo de conciencia se reduzca.
Si lo anterior no se produce, sólo me quedará el consuelo de encontrarme a aquella chica de la canción de José María Granados, con calcetines blancos y coletas, mientras baje al andén viendo el Metro partir.
Vivienda "desprotección" oficial
01/10/2007
Cuando se acercan las elecciones parece que empieza el “dumping” electoral, para ver quién es capaz de ofrecer más por menos precio, aunque sea ignorando los costes que las medidas llevan aparejadas.
El segmento electoral que parece ser más llamativo es el de los jóvenes votantes y por eso no hay nada mejor que intentar ganar su confianza allí donde más les duele: la vivienda. Y cuando nos acercamos a este punto, la decisión suele ser la más fácil: sacar la chequera y pagar las facturas.
Yo soy de los que no creen mucho en las ayudas directas. No quiero decir que no sean necesarias, pero considero que éstas se han de aplicar de manera restrictiva y temporal: mientras la causa que las haga necesarias persista. Las ayudas realmente necesarias son aquéllas que son sostenibles, que ayudan a tener un mercado correctamente ordenado y que incentivan a la superación de la persona.
La correcta ordenación del mercado de la vivienda es una cuestión ardua y compleja, que afecta a los derechos de propiedad del suelo, regulación del mercado de alquiler, etc. Este tema lo dejaré para otra ocasión, y de momento me centro en un tipo de ayudas: las viviendas “desprotección” oficial.
A bote pronto se me ocurren siete errores graves que no se tienen en cuenta a la hora a la hora de regular este tema y deriva en unas personas beneficiadas injustamente, frente a una mayoría desprotegida.
1. La ayuda se da en un momento puntual de la vida de los beneficiarios (generalmente en el comienzo de su vida laboral). Esta medida ignora que los beneficiarios pueden llegar a obtener un alto nivel de vida y no necesitar de estas ayudas.
2. Además de no tener en cuenta la evolución económica de las personas, tampoco se tiene en cuenta su evolución personal. Una pareja no tiene incentivos para “regularizar” legalmente su relación (es decir, casarse), ya que pueden tener más opciones de optar por separado a dos viviendas de protección oficial y beneficiarse de ello. Tampoco se regulariza la subvención teniendo en cuenta que ya son dos ingresos a tener en cuenta
3. No se incentiva la superación de las personas. Por ejemplo, puede suceder que una persona haya realizado un esfuerzo muy amplio en su formación, lo que le permita poder acceder al mercado de trabajo en buenas condiciones, mientras que otra persona que en las mismas circunstancias haya decidido tomarse con “tranquilidad” su formación, puede acceder años más tarde al mercado laboral y en peores condiciones y verse beneficiado de los subsidios.
4. Fomenta el fraude que no es controlado por falta de medios. Las personas que consiguen una vivienda de protección oficial y que adquieren un mejor status económico se encuentran con incentivos para sacar beneficio de dicha vivienda (mediante del alquiler o la venta), con un importante requerimiento de dinero negro sin que se establezca ningún control, lo que ha hecho que, ideales aparte, se vea como una práctica habitual.
5. Para las personas que han tenido que realizar un esfuerzo considerable para la adquisición de viviendas pequeñas (1 ó 2 dormitorios), si se cumplen las promesas electorales de viviendas para todos, se van a encontrar en una situación complicada, ya que sus viviendas se van a devaluar al desaparecer su nicho objetivo de mercado, por lo que les costará mucho más poder acceder a una vivienda superior, aunque mejore su situación económica
6. No se tienen en cuenta otras situaciones que afectan a la compra de vivienda, como es el caso del entorno familiar. Entiendo que es un punto complicado y difícil de medir, pero en muchas ocasiones nos encontramos con personas de bajos ingresos con familia de elevados ingresos que son quienes finalmente sufragan el coste de la vivienda.
7. Las ayudas no son progresivas, sino que se producen si se alcanza un determinado umbral o no. Esto provoca que haya personas, sobre todo en Madrid, que pueden adquirir viviendas de protección oficial que suponen una prima sobre precio de mercado de unos 240.000 Euros. Esto supone una subvención de 1.000 Euros netos (no brutos) mensuales a una persona durante 20 años, sin tener en cuenta los intereses. Una subvención además exenta de tributación y que provoca que en muchas ocasiones estas personas se encuentren en unos niveles de renta reales muy superiores a la mayoría de las personas de clase media no subvencionados. Esta cantidad, sin intereses, implicaría una subida salarial de una persona sin esa ayuda de más de 20.000 Euros brutos anuales (que no está nada mal)
De los siete factores actuales, considero que lo más justo es que se den ayudas temporales y revisables. Que la ayuda que prime sea el alquiler durante los años que sea necesario y realizar revisiones cada cierto tiempo en los que se determine una nueva cantidad a pagar, dependiendo del nivel de renta, o la necesidad de dar paso a gente que lo necesite más. Obviamente, se tendría que establecer periodos que den una suficiente seguridad jurídica (por ejemplo cinco años) y que en las revisiones se tenga en cuenta la evolución de los ingresos durante ese periodo, no sólo en el último año, para evitar fraudes.
De este modo, la propiedad de la vivienda estaría en sociedades públicas, que tendrían que ser las encargadas de gestionar las viviendas y que realizar un mayor control sobre el fraude. Las viviendas revertirían en su propiedad (en caso de venta o de que las personas dejen de ser beneficiarias) y se tendría que realizar una menor inversión en suelo y construcción. El dinero ahorrado se destinaría a obras de acondicionamiento y mejora de las viviendas y a otras obras públicas necesarias para la comunidad (o para rebajar los impuestos).
Posiblemente esto no convenza a mucha gente que se ha acostumbrado a navegar en los trucos de las subvenciones, o a las empresas que tienen un importante nicho de mercado en la construcción de viviendas de protección oficial, pero al menos evitaría que algunos nos indignemos al ver la proliferación de BMWs y Audis en los garajes de personas presuntamente necesitadas de la ayuda que pagamos con nuestros impuestos.
Lección de liderazgo
25/07/2007
Este domingo, en el Gran Premio de Europa de Formula 1, Fernando Alonso dio a Felipe Massa, dentro y fuera de la pista, una lección que bien podría ser de utilidad en las escuelas de negocio para explicar como potenciar una situación de liderazgo (o cómo desquiciar a un rival).
Si analizamos lo sucedido, podemos ver que el enfado de Alonso no comenzó en el momento del choque en el adelantamiento, sino que previamente Massa ya le había tirado el coche de muy malos modos, especialmente la vuelta anterior en la curva de final de meta. Si a esto se le suman los enfrentamientos anteriores, es entendible que Alonso quisiera dar una lección a Massa. Esta lección se dio en ocho capítulos
1. Darse cuenta de la situación peligrosa, calmarse y estudiar durante una vuelta a su rival antes de hacer el ataque definitivo.
2. Conseguir adelantar y ganar el Gran Premio. De otro modo, su reacción hubiese sido entendida como una rabieta de mal perdedor.
3. Mostrar a todo el mundo, mediante las cámaras, el daño causado en su coche por una acción poco limpia de su adversario
4. Confrontar con su adversario lo sucedido, de manera calmada, diciéndole que lo que había hecho estaba mal. De no haberlo hecho, hubiese sido considerado un cobarde, que no es capaz de ir de cara.
5. Mantener la calma ante la reacción airada de Massa. Si hubiese entrado al trapo con insultos y descalificaciones, la discusión se hubiese convertido en una “pelea de colegio” en la que los dos habrían quedado en mal lugar. Al mantener Alonso la calma y Massa no, consigue más autoridad.
6. Celebrar su victoria con gran efusividad. Tuvo suerte que el tercer clasificado, Webber, sea un piloto con el que tiene una gran relación, lo que permitió en primer lugar poder reforzar su situación de victoria delante del propio Massa y después con el público y los espectadores de televisión.
7. Pedir disculpas. Tras haber “lanzado la piedra” volver a colocarse en un segundo lugar. Ya ha dicho lo que tenía que decir, no da pie a seguir incidiendo en discusiones sobre los detalles de lo sucedido.
8. No insistir ante los medios de comunicación. Está seguro de que con la reacción de su adversario, éste ha quedado desautorizado. Que la gente saque sus propias conclusiones.
Tras todo lo sucedido queda en una situación muy buena ante un rival directo desquiciado. Es complicado hacer las cosas tan bien para sus intereses en tan poco tiempo para reaccionar. Ahora le queda el reto de consolidar su situación, pero seguro que su rival ya tendrá más dudas a la hora de tener otra reacción tan agresiva como la del pasado domingo
30 años
26/06/2007
Parece que los treinta están de moda en las últimas semanas. A los treinta años de las primeras elecciones democráticas se han sumado las treinta ligas del Real Madrid tanto en fútbol como en baloncesto. A esta cifra mágica, me voy a sumar dentro de poco más de un mes. Me toca cambiar de década.
Es curioso comprobar la distinta reacción que se puede tener ante estas conmemoraciones. En el caso de los éxitos deportivos, se interpreta como una gran conquista. El ser el equipo con más trofeos así lo avala y supone un reto de cara a futuro. Implica un alto nivel de exigencia para los que vengan los próximos años para consolidar la institución y ser dignos de ella. En el caso de mis treinta años supone también un gran reto. Ya dejo atrás la vida cómoda y en el cambio de década siento que ya entro de lleno en la edad adulta, con hipoteca, responsabilidades y un trabajo que sacar adelante. Este paso a la vida adulta supone afrontar los retos más importantes en la vida y lo que suceda en esta década marcará definitivamente lo que va a ser el resto de mi vida.
Los treinta años de la democracia debería suponer una reacción similar: celebrar lo vivido y sentir el reto a futuro. Sin embargo, siento que la reacción ha sido diferente a las otras celebraciones, ya que sobre todo se ha mirado atrás con nostalgia “aquellos maravillosos años”.
Cuando el Real Madrid gana una liga, la gente aplaude a Beckham (ahora que se va jeje), Raúl o Felipe Reyes. Nadie va a las tiendas a comprar camisetas con el nombre de Bernabéu, Di Stéfano o Fernando Martín, por mucho que ellos tengan parte de culpa de los éxitos actuales. Lo mismo sucede en el caso de mi cumpleaños. Hay ocasiones en las que miro los álbumes de fotos para recordar cómo era de pequeño y cómo he ido evolucionando. Sonrío al ver determinadas fotos y recordar los momentos felices que he podido compartir con esas personas, pero no quiero volver atrás, sino que considero bien vividos aquellos años y agradezco las lecciones que me proporcionaron. Lo que verdaderamente me preocupa es lo que tengo que hacer a partir de ahora, no pensar lo bien que me lo pasaba con quince años.
Quizá el motivo de la nostalgia es que el análisis lo realizan personas que vivieron desde primera línea aquellos momentos. Es posible que eso haga que veamos nuestra historia con ojos de mayores y no con ojos de futuro. En 1977 muchas críticas se dirigieron a los que hoy son vistos como héroes. Los políticos actuales sufren las críticas y desencantos que les tocan. Posiblemente el nivel de nuestros políticos no sea tan alto como el de hace treinta años… o quizá sí. Lo que es evidente es que se tienen que enfrentar a retos diferentes a los de la generación anterior.
El verdadero problema es que la mayoría de la población coincide en que era mejor lo que teníamos hace treinta años. Si se llega a ese convencimiento, estaríamos constatando el fracaso de lo que tanto soñaron las personas que lucharon por la Transición. La Transición no era un fin sino un medio. Un medio para lograr que nuestra sociedad pueda vivir el libertad y hacer de España un lugar mejor para vivir y en el que los ciudadanos se puedan desarrollar más plenamente. Esta reacción en el cambio de década puede ser un toque de atención.
¿Qué queremos? (2)
04/06/2007
En el anterior post hacía referencia a si existen objetivos comunes para los distintos grupos sociales en los que pertenecemos. Los objetivos individuales están fuera de toda duda, ya que todos nos planteamos metas que nos hacen sentirnos realizados como personas. El hecho de que los grupos sociales pervivan a nosotros nos hace pensar si existe alguna finalidad u objetivo que permitirán que evolucionen a futuro en un determinado sentido.
El complicado encontrar ese objetivo común en organismos como ayuntamientos, comunidades autónomas o incluso países. Si nos preguntan por el objetivo de Madrid o de España en cinco o diez años, ¿cuál sería la respuesta? Complicado, ¿verdad?
Sin embargo, si nos fijamos en el nivel más amplio al que pertenecemos, el mundo, nos encontramos con “Los objetivos del milenio” (http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/) que, establecidos por Naciones Unidas, nos afectan a todos (aunque curiosamente son conocidos sólo por una minoría). Es paradójico que podamos llegar a tener claros cuáles son nuestros objetivos como raza humana, sin antes haber solucionado los anteriores círculos concéntricos “qué quiero” como persona y saber “qué queremos” en nuestro barrio, en nuestra ciudad o en nuestro país.
La definición de los objetivos de la humanidad, al igual que sucede en los objetivos personas, se ha realizado de acuerdo a una categoría de valores. Del mismo modo que elegimos nuestra profesión según principios tales como la seguridad, dinero o justicia social; estableceremos los objetivos del milenio de acuerdo con los valores de la humanidad.
De todo lo anterior llegan mis dudas. Tenemos una gran fractura entre nuestros objetivos personales y nuestros objetivos a nivel global. Por desconocimiento o por pasividad, los intereses globales no están interiorizados en el resto de las estructuras de las que formamos parte. A la hora de votar en nuestras elecciones, no creo que se nos pase por la cabeza si las propuestas que se plantean son coherentes con los objetivos del milenio, con independencia del modo en que se quieran conseguir.
En el anterior post comenté que las necesidades y los grupos sociales a los que pertenecemos van creando círculos concéntricos, que parten desde el individuo y van absorbiendo las diferentes realidades con las que se enfrentan. La única solución a todo este galimatías será la COHERENCIA, porque si no luchamos por los valores que nos definen en cada una de nuestras realidades estaremos perdidos. La eterna lucha entre lo inductivo (nuestras necesidades) y lo deductivo (nuestros valores) será la que nos ponga a prueba.
Qué queremos? (1)
31/05/2007
Desde el momento en el que nacemos nos planteamos “qué quiero”. Nuestras primeras necesidades se suelen resolver de manera bastante sencilla. Cuando somos bebés, lloramos para solucionar nuestro problema de hambre. Por suerte o por desgracia, el tiempo pasa rápido y nuestro “qué quiero” se vuelve más complejo, por lo que su solución no es ya ni tan fácil ni tan rápida. Nos empezamos a plantear qué es lo que pretendemos hacer en nuestra vida, lo que deseamos estudiar o en qué trabajar. De este modo vamos perfilando nuestros gustos, aficiones y sobre todo, valores.
Sin embargo, no todo es una carrera contrarreloj con nosotros mismos, sino que desde pequeños ya empezamos a participar en la sociedad. Nuestro primer contacto es forzoso, al nacer en un seno familiar que no elegimos y que nos va a acompañar durante muchos años. La relación con el mundo “exterior” es posterior, unas veces involuntario (compañeros de colegio) y otras veces fruto de nuestras primeras elecciones (grupo de amigos). Según van pasando los años, más decisiones vamos a ir tomando y a nuestro grupo de amigos se le va a ir sumando la persona especial con la que desearemos pasar más tiempo, la ciudad y el barrio en el que queremos vivir, las regiones que queremos visitar o los países a los que queremos pasar parte o toda nuestra vida.
De una manera o de otra, se va generando en nosotros una identificación con las realidades con las que convivimos y nos hace sentirnos partícipes de lo que sucede en ellas. De esta manera vamos creando círculos concéntricos de interés, que comienzan en nosotros mismos, para ir surgiendo otros que engloban nuestra familia, nuestras personas de referencia, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra región, nuestro país, las realidades supranacionales de las que participemos (en nuestro caso Europa) y finalmente el mundo.
A diferencia de las realidades personales, las sociales perviven a nuestra existencia concreta y temporal. Nuestra familia dará paso a nuevas generaciones, los países siguen y el mundo y nuestro planeta sobrevivirá a nosotros (o al menos eso espero). Esa supervivencia no implica que sea inmutable, ni mucho menos. Ésa es precisamente la razón por la que muchos de nosotros queremos participar en lo que sucede en aquéllas realidades con las que nos sentimos identificados.
Si ya en las decisiones primarias del “qué quiero” nos encontramos con grandes dificultades para definir nuestro propio proyecto de vida, definir el “qué queremos” resulta mucho más complicado. Puede haber gente que considere que las decisiones de “qué queremos” surjan de la suma de las decisiones “egoístas” e individuales. Otras personas pueden pensar que tenemos objetivos comunes como grupos sociales.
¿Realmente existen esos objetivos comunes?