Madrid

ALAMBOR

Opinión

DECÍAMOS AYER... Papanatas

26/02/2010

A
RRULLADO por la suave caricia del edredón -los Sábados suelo permitirme el pequeño lujo de iniciar la jornada algo más tarde-, rato que aprovecho para dedicárselo al espacio de Onda Cero “Te doy mi palabra”. Un espacio que en su inicio suele conectar con el extranjero,   lugares remotos por lo general, donde nuestros connacionales unas veces por altruismo, misioneros especialmente, y otras en que por razones laborales en ellos sacan adelante su día a día, en la mayoría de los casos con la nostalgia que la distancia impone.
Cuando uno de estos Sábados escuchaba la conversación con una joven profesora de español en una Universidad de Arabia Saudí, a medida que avanzaba detallando cumplidamente unas leyes que ancladas en el Medievo -no confundir con el boliviano Evo, que éste es entero- me apercibía de que al ser de obligado cumplimiento tanto para los naturales como para los foráneos que por el hecho de residir allí, en igual medida quedan obligados a su estricta observancia.  Según avanzaba en su descripción, una santa ira inundaba todo mi ser, no por unas leyes que para nuestra mentalidad occidental puedan resultar rechazables, sino por el papanatismo estúpido de nuestros gobernantes que más papistas que el Papa, a pesar de su ateísmo o quizá por ello, con su Alianza de Civilizaciones por bandera, son capaces de cualquier cosa con tal de desterrar de la católica España el símbolo que para los creyentes es faro y guía de su existencia: la Santa Cruz.
Se puede comprender perfectamente que esos países impongas sus leyes, y que el que allí acuda las acepte con todas sus consecuencias; nadie les obliga, y por tanto de ellos depende: las aceptan o se vuelven. Pero lo que resulta verdaderamente delirante es que nuestros gobernantes en nombre de no sé qué entelequia, permitan que nuestro suelo patrio se inunde de mezquitas y minaretes con su media luna correspondiente; incluso que recintos deportivos sean reservados para el culto de otras religiones en tanto que complacientes, asienten cuando no colaboran a los múltiples intentos de desterrar cualquier vestigio de nuestra ancestral fe cristiana, afirmada por más del 70% de la población española.
Así las cosas, no es extraño: De fuera vendrán…, que cierto Lobby Islámico auspiciado por ese colosal invento llamado Alianza de Civilizaciones, pretenda la puesta al día en España de ese aberrante “legado andalusí” [-ediciones de libros de texto para su enseñanza en  nuestras escuelas públicas, Libro de Estilo para periodistas, preferencia a los descendientes andalusíes en la tramitación para la concesión de la nacionalidad española; oferta de productos bancarios y financieros de contenido “halal”, humanización de la economía y redistribución de la riqueza;  un banco para musulmanes y la recuperación de la tan reiterada memoria andalusí-]. Es decir, que todo lo que en sus países se nos niega a los foráneos, que a ellos les sea permitido en suelo ajeno, en especial la libertad de culto.
Allá en esas tierras, quisiera ver yo a esos políticos arribistas combatir con igual saña cualquiera de sus símbolos y que aparte estos, defiendan con ahínco el libre culto para las demás religiones. Y a los que tratan de tirar la Santa Cruz del Valle de los Caídos o el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, que sobre la cima del cabezo que domina el valle, la pedanía murciana de Monteagudo venera, les animo a que allí, “en tierra de moros”, intenten imponer el sagrado derecho a la libertad de expresión y que, cuando regresen, si regresan, nos expliquen sus triunfos; y si les queda tiempo se den una vuelta por Río de Janeiro y propongan a los cariocas la demolición de la gigantesca Cruz del Cristo Redentor, conocido como Cristo del Corcobado, que sobre el macizo del Pan de Azúcar extiendo sus brazos amorosos hacía la Bahía.
Y en nuestra tierra, que es de todos, dejen nuestros símbolos en paz, que respeten nuestras tradiciones, y a quien no le guste que tenga la suficiente altura de miras para ignorándolas, permitir que los demás disfrutemos de ellas. Papanatas
   
                                  Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
                                             al_hanbor@yahoo.es

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DECÍAMOS AYER... Macarro, poeta de la libertad

20/02/2010

“N
O cabe mejor memoria. Otra cosa sería remover resentimientos y, si de verdad, conoce el nombre de sus verdugos, nada mejor en honor a su propia realidad que aparte su perdón; con datos fidedignos buscara a los familiares de tales “verdugos” y a ellos la expusiera abiertamente, en la seguridad que ellos le pedirían perdón a él; camino recto a través del cual es posible, que algún día lográramos el pleno entendimiento y a su través iniciar el camino recto hasta recuperar el esplendor perdido”.
Más o menos así, terminaba mi artículo “El silencio de las cunetas”. Un artículo que surgió en respuesta a una entrevista que el diario El Mundo le hacía a Marcos Ana, seudónimo tras el que se escuda Fernando Macarro Castillo en simbólico homenaje, dice, a sus padres Marcos Macarro y Ana Castillo, presentado ante quien le quiera escuchar como “ex `presidiario por motivos de conciencia”.
Sin embargo la realidad es bien distinta según refleja el Expediente 120.976 del Archivo Histórico del Ministerio de Defensa, en el cual constan los motivos de su condena: Como secretario de las Juventudes Socialistas Unificadas de Alcalá de Henares, y jefe de un grupo de milicianos del Batallón Libertad, tomó parte directa en el asesinato de Marcial Plaza Delgado el 23 de julio de 1936 y de Amadeo Martín y Agustín Rosado, el 3 de septiembre del mismo año.
Aparte la injusticia de su condena a muerte, aseguraba convencido de que salvó su vida gracias a la solidaridad internacional. Deshecha por tanto, que su vida la salvó debido a su minoría de edad cuando “los hechos”, condena a muerte conmutada por vitalicia en 1945, para 16 años después, en 1961, quedar en libertad debido a un providencial Decreto Ley firmado por Francisco Franco. Emigra a Francia para regresar en 1976 de nuevo, sin que hasta el momento nadie haya vuelto a importunar a este luchador por la libertad, a el cual el pasado 4 de diciembre, el ministro de Trabajo Celestino Corbacho le notificó que el Gobierno de España acababa de otorgarle la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo (?).
Un detallado reportaje en el Semanario ALBA, firmado por José R. Barros, aclara algo más la azarosa trayectoria de este idealista que a sus 90 años, parece ser que ha conseguido hasta que el Partido Popular avale su candidatura al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Digno colofón, de haber fructificado, a añadir al premio René Cassin de Derechos Humanos, concedido por el Lehendakari Patxi López el 20 de enero pasado, seguido del que días más tarde la Fundación Abogados de Atocha le otorgara 
Convencido de que <<Una buena memoria histórica es la mejor vacuna para las nuevas generaciones>>, aludía a aquellos “jóvenes que se dejaron la juventud luchando por unos ideales, ocultando que detrás de tanto altruismo se escondía el inmenso drama escrito con sangre inocente, sobre unas cunetas cuyo silencio mantiene enhiesto su halo acusador y, <<Sin rencor y sin ansia de venganza>> el poeta libertario ahora pretende que aquellas cunetas recuperen su voz para que cuenten una verdad condicionada. Vano intento, cuando tratando de enmascarar su sectarismo admite que: <<Al principio en los dos bandos se cometieron actos descontrolados, pero cuando acabó la guerra la política llevada cabo fue de autentico genocidio>>.
Cierto que cuando la guerra acabó, los vencedores perdieron su gran oportunidad de perdonar, hubieran vencido dos veces. Pero ello no obsta para que los “actos descontrolados” de aquel Frente Popular  no fueran merecedores de idéntico calificativo: Genocidio.
Un genocidio inicuo, reprobable y estúpido que por innecesario resulta tanto o más reprobable que el de aquellos otros, que vencedores, no tuvieron la suficiente altura de miras para conseguir desde aquel mismo momento una auténtica integración entre hermanos, eliminando para siempre aquellos odios, consecuencia de la feroz lucha fratricida.
No fue así, para nuestra desgracia, y el anatema continúa; al menos para los que, tal que el poeta libertario, mientras no demuestre su inocencia en “aquellos hechos” por los que la historia le condena: las muertes del sacerdote Manuel Plaza Delgado, del cartero Amadeo Martín Acuña y del campesino Agustín Rosado, serán la pesada losa que superando medallas y premios encenagados de sangre inocente arrastrará mientras viva,
         
                                            Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
                                                           al_hanbor@yahoo.es     
 
                                                                              
  

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DECÍAMOS AYER... Desarraigo y mal estílo

12/02/2010

F
INALIZADO el reposado refrigerio en El Rana Verde del Real sitio de Aranjuez, el viejo Ford modelo T de Pedro Antonio se aprestaba para la penúltima gesta: superar la mítica cota de la antigua Cuesta de la Reina, paso previo para la arribada a la gran ciudad, lugar donde los tres amigos habrían de permanecer durante unos días, los imprescindibles para conseguir los objetivos que les llevaba a la capital de las Españas.
Era ya tarde avanzada cuando, renqueante, enfilaba la suave pendiente del paseo de las Delicias, luego de superar la plaza de Legazpi, para a la altura de la calle Tortosa girar, aparcando frente a la vieja casa de huéspedes de la Señora Lola, en el número 6.  
Era la primavera de 1945, pronto se cumplirán sesenta y cinco años. Tiempos difíciles en los que tratando de superar vicisitudes pasadas, el pueblo español pugnaba por ocupar un lugar preferente en el concierto de los pueblos de Europa. Tiempos en que la demanda superaba a la oferta, razón por la cual la visita personal al almacén o centro productor se hacía imprescindible si se quería conseguir unos objetivos que por correo resultaban imposibles de todo punto. Del teléfono ¡qué decir! Obligada, por tanto, la gestión sobre el terreno para a la vez que concertar compromisos les permitiría, previo conocimiento mutuo, convenir forma de pago de aquellos materiales: dóngolas, dubetinas y cabritillas; más los complementos -forros, suelas y serrajes-, productos imprescindible para la confección de calzado a la medida, que era el medio de vida de los tres amigos. Con ellos llegaba por vez primera al foro un joven de apenas quince años, hijo de uno de ellos, que por fin iba a conocer la capital. No imaginaba que fueran otras las razones que pudieran justificar su presencia en la gran urbe.
Después de la cena, luego de una breve sobremesa se fueron a la cama. Era necesario el descanso tras el azaroso viaje, ya que al día siguiente muy de mañana habrían de comenzar una lucha contra el tiempo a fin de conseguir objetivos y regresar pronto a casa. Cuando muy de mañana los mayores se levantaron, el chiquillo llevaba ya un buen rato curioseando a través del balcón. Observaba el continuo devenir de las gentes, ora en el mercado aledaño, ora hacia la inmensa estación de Atocha, próximos ambos. Un rápido desayuno para después iniciar el largo peregrinaje por los distintos almacenes, posibles abastecedores de los materiales precisos: Mesón de Paredes, Juanelo, Embajadores, Toledo, Estudios, Ronda de Curtidores…
Ante el chiquillo aparecía un mundo hasta ese momento desconocido. Mágico para su mente joven, comercio en estado puro, atávico; dentro del que cual la lucha por la subsistencia incluía el riesgo de que los materiales conseguidos pudieran ser confiscados durante el viaje de  regreso. Importante detalle que el chiquillo comprendería tiempo después, ya que en aquel momento deslumbrado por la gran ciudad, solo tenía ojos para aquellos enormes edificios, el intenso tráfico y… ¡aquellos inefables tranvías! cuyo trole -que a veces se desprendía de su cable conductor-, despedía ingente cantidad de chispas eléctricas que su fértil imaginación convertía en lluvia de estrellas inundando el entorno ante la curiosidad general.
Ya la hora avanzada, o así lo parecía, cuando llegaron a un establecimiento de la calle de Embajadores, en los bajos del antiguo Cine Pavón, el cual en contraste con los de su entorno marcaba la diferencia, productos de deporte especialmente y dentro, en la trastienda, discreta exposición de aquellos materiales en los que ellos estaban interesados. Era don Nemesio, el propietario, comerciante al viejo estilo, uno de los fundadores de aquel “Atleti” de comienzos del pasado siglo, su carnet con el número 33 lo guardaba como si de una joya se tratara. Cuando el padre del chiquillo explicó a don Nemesio que el crío era entusiasta de aquel Atlético de Aviación de la época, éste cayó en la cuenta: de que al día siguiente “su Atleti” jugaba un partido eliminatorio para la Copa del Generalísimo; y lo hacía contra otro Atléti, el de Bilbao. Grata sorpresa que de pronto le aclaró el porqué de su presencia: su padre quería que viera en directo a su ídolos, a la vez que la oportunidad de disfrutar de una tarde gloriosa en el viejo Metropolitano de la Avenida de la Reina Victoria, allá en los Cuatro Caminos.
Allí, en directo, junto a los míticos Tabales, Ederra, Mesa. Aparicio, Cobo, Gabilondo, Germán, Machín, Adrover, Amestoy, Arencibia, Taltavull, Campos y Vázquez; los Lezama, Arqueta, Mieza, Oceja, Iriondo, Ortiz, Nando, Panizo, Venancio, Zarra, Gárate y Gainza del equipo matriz, que en noble lid se preparaban para ofrecer a sus incondicionales una tarde que resultó inolvidable. Gran colorido y espectacularidad la que ofrecieron aquellos jóvenes futbolistas en defensa de sus colores; unos colores que en el fondo eran los mismos. Lo de menos fue el resultado, ganaron los madrileños, lo importante aparte el buen juego, fue el triunfo de los buenos modos y el señorío.  
Tiempo lejano donde las buenas formas superando intereses comerciales, eran la razón de ser de un deporte que en su evolución, junto a su mercantilización se produce el desarraigo, el mal estilo y… el desamor, hacia unos colores en beneficio de unos resultados económicos que son, en definitiva, la razón de ser de eso que ahora se suele llamar gloria deportiva.
                                                          Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
                                                          al_hanbor@yahoo.es       
 
 
 

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DECÍAMOS AYER... Expresión Hiphop

07/02/2010

A
L remontarse a los albores de la humanidad, aquel artista decía: <<que el hombre ha sentido siempre ya sea por instinto o por su misma naturaleza de ser homínido pensante y racional, la necesidad imperiosa de expresarse>>. Se manifestaba admirador de la palabra Expresión y al respecto decía: <<que es palabra bella y reveladora de magnificencia de la condición de ente vivac y activo, expresión de la persona; condicionante indispensable, pensaba, para una de las necesidades más básicas del ser humano: la comunicación entre iguales, personas, y sobre todo pueblos, religiones, razas, culturas..., lo cual, afirmaba, se ha venido haciendo de las más diversas formas, mediante la palabra, los gestos, la música, el teatro, y también la guerra; la intolerancia y, el no-entendimiento de las partes>>.
Y todo eso para intentar justificar aquel arte emergente llamado por ellos, los pintores callejeros, Expresión HIPHOP. Una expresión notable en muchos casos, pero que viciada en su inicial enfoque posiblemente no haya conseguido los objetivos propuestos debido sobre todo a que, aparte su buena calidad pictórica, se plasmaba dentro del entorno menos adecuado, cercas y fachadas de propiedad ajena
En un viejo artículo que titulé CUESTIÓN DE ESTÍLO me hacía eco de aquella entrevista, y a través del mismo hacía constar la desagradable impresión que producía ver tanto en el extrarradio como en muros de obras más o menos cercanas al centro de los pueblos la invasión de pinturas, algunas de indudable valor, pero que nunca alcanzarían su auténtica valoración precisamente por la falta de estima del propio artista al plasmar su obra en lugares de vida tan  efímera. Aparte la mala impresión que produce, impropia de pueblos limpios que de pronto se veían transformados en algo parecido a un arrabal o aún peor: un gueto.
Han pasado los años y con ellos quizá los gustos, porque de aquella expresión todavía existente en algunos ámbitos, hemos pasado sin transición al arte sublime del graff o graffite que utilizado de forma indiscriminada, ha irrumpido igual de irrespetuoso con la propiedad privada inundando fachadas pública y privadas de garrapatos indescifrablesm sin otro fin que de inundar de suciedad y mal gusto calles, plazas y jardines de pueblos y ciudades normalmente limpios, pero que avasallados por esta ola de seudo artistas, les induce a una condición impropia de pueblos cultos.
Y lo que es peor, no sé si por impotencia o falta de atención de parte de quien corresponda, parece que las medidas coercitivas brillan por su ausencia; de ahí el constante incremento de estas expresiones absolutamente antiestéticas llenas de mal gusto. Seguro estoy que de intentarlo se conseguiría “convencer” a estos artistas, porque soluciones existen; solo depende de que se activen o no.
Los artistas, los de la HIPHOP, que hagan su revolución cultural tratando de captar prosélitos, pero por conducto regular; es decir, respetando la obligadas normas de convivencia ciudadana. Que organicen sus exposiciones en lugares adecuados, que sufraguen los gastos con sus propios medios, y así es posible que algún día alcancen la adecuada comprensión. Y los grafiteros que aprendan a respetar la propiedad ajena. Nadie se debe arrogar el derecho de hacer de su capa un sayo, todos tenemos derechos pero también deberes; ambos nos obligan a todos al respeto mutuo si de verdad, de lo que se trata es de convivir. Nada mejor por tanto que aceptar que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás.
 Creo que fue Abel Posse quien dijo <<Que la diferencia entre Alemania y Grecia está en que mientras en la primera la cultura se pasea por sus calles, en la segunda queda relegada únicamente a los claustros universitarios>>.
En tanto que tal premisa no se considere, tendremos la falsa idea de unos principios, en cuyo asentamiento toda la sociedad debe estar comprometida, si de verdad se quiere llevar a la realidad ese proyecto de futuro a través del cual consigamos ver algún día que en España la Cultura, con mayúscula, se pasee por nuestras calles.  
                                                                    
            Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
                al_hanbor@yahoo.es                                                                                    
  
 

http://madrid.cuadernosciudadanos.net/Alambor/2010/02/07/deciamos-ayer-expresion-hiphop_9/
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