Madrid

ALAMBOR

Opinión

DECÍAMOS AYER... Los derechos del pueblo

15/01/2010

“M
E importa tres cominos que me excomulguen o no me excomulguen. Yo creo en la nueva Ley del Aborto. Es una ley que me parece totalmente necesaria”. Se cuenta que dijo en una entrevista que le realizaron en Punto Radio, don Enrique Múgica, Defensor del Pueblo.
No sé si cuando reaccionó de forma tan airada, el señor Mújica hablaba en su condición de judío, y por tanto ajeno a los postulados de la Iglesia católica o si, condicionado por su partido, inclinaba servil su cerviz en atención a la actitud deicida de quienes en nombre de imaginarios derechos han perdido toda huella de humanidad, para dar vía libre a tan execrable crimen.
Porque otra cosa no se explica, teniendo en cuenta que su condición de judío, no le obliga a sometimiento a ningún dogma que proveniente de la Iglesia Católica, pueda inducirle a su obligado cumplimiento. Otra cosa es que, posiblemente, sabedor de su obligación como defensor de los derechos de todos los españoles; su nerviosismo le jugara una mala pasada, al punto de encontrarse en una posición incómoda de la cual no fuera capaz de salir, si no fuera lanzando un exabrupto impropio en persona de su condición intelectual.
Una condición que le obliga a ser respetuoso con sentimientos y convicciones de muchos españoles, conciudadanos suyos a los que por otra parte tiene la obligación de defender llegado el caso; y en ello, mal que le pese, van incluidos también los derechos de los no nacidos pero que ya creados, se ven sometidos a instintos impropios de seres racionales. No se puede menospreciar con esa ligereza, inusual en el personaje, a sentimientos en contraposición a una ley abrupta cuya pervivencia en una sociedad civilizada debiera estar fuera de lugar.
No tan lejano queda aquel triste episodio mediado el pasado siglo, -quizá el más trágico de la historia moderna- que él dada su ascendencia judía, imagino que no habrá olvidado; aquel Holocausto de triste recuerdo. Un episodio cuya magnitud alcanzó tintes de tragedia, por lo que supone de desdoro para la humanidad. ¿Qué diferencia existe entre aquello y lo que nuestros gobernantes tratan de perpetrar? Entonces fueron seis millones de seres humanos, indefensos, que víctimas de mentes bárbaras fueron vilmente masacrados sin más justificación que la discriminación por razón de raza en la mente de un orate. Ahora la cifra puede resultar escalofriante. Y todo, justificado por una Ley que, dicen: “viene a suprimir lo que el Consejo de Estado define como el paraíso del aborto libre y arbitrario”. En teoría, acabar con la arbitrariedad que la ley hasta ahora vigente, convertía a España en ese “paraíso” del cual abominan.
Una teoría que cual la del Presidente del Congreso, que apoyándose “en el mal menor”, solo tiene en cuenta parcialmente el contenido de la Encíclica Evangelium Vitae a la que dice atenerse el Sr. Bono, con el argumento de que ésta admite que “los políticos puedan dar apoyo a una ley si sirve para paliar su mal”. No tiene en cuenta o trata de ignorar el Capitulo III de dicha Encíclica: NO MATARÁS LA LEY SANTA DE DIOS <<Pediré cuentas de la vida del hombre al hombre>> (cf. Gn. 9.5): La vida humana es sagrada e inviolable. Cuyo Ap. 53/1, afirma que: La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta ”la acción creadora de Dios”, así como el 54/2, que dice: Desde sus inicios, la tradición viva de la Iglesia -como atestigua el Didaché, el más antiguo escrito cristiano no bíblico- repite de forma categórica el mandamiento “no matarás”: <<Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos… Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás… no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido. Más el camino de la muerte es éste… que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ¡Ojalá os veáis libres, hijos, de todos estos pecados!>> Exclama Juan Pablo II.
Serénese pues el Sr. Mújica, hombre cauto, y por encima de su condición política aténgase como ser humano a la defensa de los derechos del pueblo soberano, en la seguridad que tal como deseaba aquel heroico Papa -yo también-: Si Vd. conoce a su Criador, se verá libre de todos los pecados.
 
 Juan Manuel RODRÍGUEZ MIRA
 al_hanbor@yahoo.es
 

http://madrid.cuadernosciudadanos.net/Alambor/2010/01/15/deciamos-ayer-los-derechos-del-pueblo_9/
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