DECÍAMOS AYER... Derechos, pero para todos
31/07/2009
UANDO, hace de esto ya diez u once años, en un artículo mío aparecido en un diario capitalino pedía respeto, por favor, hacia los derechos de todos -incluidos los viandantes- a no padecer las consecuencias del uso y abuso indiscriminado de lugares en principio creados para solaz de los humanos, constantemente condenados a soportar hedores no deseados, consecuencia de las deposiciones de animales de compañía., cuyos propietarios ya por entonces acudían de buena mañana al jardín del Torreón del Alcázar, se supone que concebido en principio para esparcimiento de la especie humana, pero que cuando esta llegaba “el resultado” de la visita previa de estos simpáticos animalitos quedaba plasmado en paseos y césped donde después los niños, se supone que propietarios también de determinados derechos, jugaban aun a riesgo de sufrir las consecuencias de la desidia de sus propietarios. Aquel artículo fue amablemente comentado por dos propietarios de perros, en cuya defensa el primero manifestaba que tal problema desaparecería si estos animalitos dispusieran de zonas habilitadas al efecto; se extendía en posibles justificaciones tal que una inevitable indisposición, su demostrado valor en algunos casos a favor de la especie humana: salvando vidas, lucha contra la droga o detención de maleantes. Todo muy loable, pero… el borrico en la linde, que dicen en mi pueblo. La segunda, también muy amable, aun cuando comprendía alguna de mis razones discrepaba respecto de mi exposición pues consideraba que los animales tenían tanto derecho como los humanos de disfrutar cuanto nos rodea, teniendo en cuenta que todos formamos parte de un ecosistema, razón fundamental por la cual no existen gradaciones. Se extendía también en consideraciones sobre el daño que el ser humano infringe a la madre tierra. Así las cosas, yo les contesté que nada tenía en contra de los animales de compañía, al contrario les tenía, y les tengo un gran respeto, tanto que no recuerdo ni de chiquillo haber maltratado a ningún animal. Incluso algún tiempo hubo uno en casa que fue tratado por toda mi familia como uno más; pero, ojo, uno más en cuanto a alimentación, aseo, juegos, paseos, pero como arriba indico el borrico en la linde. Tanto respeto, que a su muerte nos propusimos todos el no volver a tener otro más, y hasta el momento así están las cosas. Transcurrido este tiempo al incremento de animales de compañía ha ido en aumento, hecho que no critico, pero que si se debe tener presente por parte de autoridades y propietarios, si de verdad están interesados en la pacífica convivencia entre racionales e irracionales, salvando la lógica distancia. Año tras año, ya van unos cuantos, vengo denunciado la sensación de abandono que impera en el bonito pueblo costero de San Juan de Alicante donde suelo pasar unos días de solaz. Sus calles y jardines son el exponente claro de una falta de civismo ciudadano, en beneficio de unos derechos caninos cuyo hedor inunda aceras por las que tranquilamente circulan después ciudadanos de a pie, también carritos de bebés, con el consiguiente riesgo. De nada vale que en los jardines algunas palmeras luzcan el consiguiente cartelito de PERROS NO para que su entorno, incluidos paseos, permanezca inundado de heces y excrementos días y días, ante la pasividad municipal más interesada quizá en que funcione la grúa a temprana hora de la mañana para aquel conductor que descuidado, la noche anterior dejó su coche en lugar obligado de su retirada antes de las 9 y que, posiblemente se quedó dormido. De inmundicias y papeles esparcidos por el suelo, qué decir. Por descorazonador que resulte, obligado es el preceptivo Bando Municipal… y que éste sea cumplido por todos hasta sus últimas consecuencias. No todo consiste en retirar títulos honoríficos, no todo estriba en ser de derechas o de izquierdas, la cuestión es hacer cosas y hacerlas bien en beneficio de todos; y si un político o un munícipe, tanto da, no es capaz de hacerlas donde mejor está es en su casa..
DECÍAMOS AYER... Afrenta al pueblo grande
20/07/2009
N carta publicada en el diario ABC, don José Utrera Molina se expresa tristemente sorprendido y con infinita amargura, por el despojo que el Ayuntamiento de Madrid ha llevado a cabo con la memoria del anterior Jefe del Estado español Don Francisco Franco Bahamonde. Un contrasentido, dice, teniendo en cuenta las palabras pronunciadas por su sucesor a título de Rey, don Juan Carlos de Borbón, cuando en el acto de su coronación dijo: <<Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea […] Su recuerdo constituirá para mí, una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria […] Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio>>. Se pregunta el señor Utrera: cómo es posible, teniendo en cuenta lo expresado por el Rey de España, que se pueda herir con tanta furia a la persona capaz de aportar a los españoles un periodo de paz constructivo y eficiente; y que, por añadidura, quiérase o no fue el restaurador de la actual monarquía española. Pobre memoria la de unos, pero alevosa la de otros, aquellos que a pesar del tiempo transcurrido todavía no han sido capaces de olvidar y mucho menos asimilar aquella derrota, para la cual en nombre de su particular memoria histórica no desperdician ocasión de reivindicar aquello que no fueron capaces de aceptar dado su infinito odio: la reconciliación generosa ofrecida en su momento. Lamentablemente, esta bajada de cabeza del Ayuntamiento de Madrid no es la única ni la primera; pues llueve sobre mojado: el Ferrol, patria chica del Generalísimo, que mientras vivió fue “del Caudillo”, se apresuró siempre después de muerto, de retirarle tal apelativo así como su título de Hijo predilecto; la Navarra heroica despreció la Gran Cruz Laureada de San Fernando, un reconocimiento a su valor demostrado del cual se arrepintió cuando ya su fosa quedó sellada con una losa de dos toneladas. Calles y plazas, incluso monumentos que con la llegada de la progresía desaparecieron de los pueblos allí donde arribaron, sin omitir por ello o creando nombres de sus afines políticos aun cuando en su momento fueran el origen de tanta o más tragedia; y los pueblos, que a imitación del de Madrid, callan y otorgan. La Zaragoza inmortal acepta serena que una estatua ecuestre existente en su Academia Militar, homenaje del Ejército Español a su primer Director, desaparezca tal que en Madrid, esta con nocturnidad; otra del mismo personaje, casualmente don Francisco Franco, mientras que se mantiene la de Largo Caballero, aquel nefasto personaje tristemente conocido como el Lenin español. Reciente el caso del pueblo alicantino de San Juan donde no hace tanto, se acordaron que un día algún paisano tuvo la idea de nombrar hijo adoptivo al Generalísimo Franco, y ni cortas ni perezosas las fuerzas vivas actuales han tenido a bien desposeerle de dicho título. Un título que, estoy seguro nunca pidió aquel soldado, y que muy posiblemente este bonito pueblo se lo otorgara en su día en agradecimiento a alguna prebenda previa; y han tenido que esperar a que transcurran 34 años de su muerte para quitarle lo concedido. ¡Valientes héroes! A esas mentes esclarecidas, cuya capacidad para reescribir la historia es proverbial, un ruego: ¡Por favor! ¡Por lo que más queráis en este mundo! Conservad al menos los regadíos del Plan Badajoz, mantened intactos los pantanos españoles; y aumentarlos si sois capaces. Conservad la Seguridad Social y devolverle su grandeza a la Patria; reconvertirla de nuevo en pueblo grande, que falta nos hace.
DECÍAMOS AYER... Cuando de exigir se trata
15/07/2009
UANDO de exigir se trata, es preciso poner en el empeño tanto o más que cuando se pretende bañar a un tigre, por aquellos de los arañazos. Es lo mínimo que se debe tener en cuenta, porque si no los alaridos pueden oírse en Sebastopol, por marcar una distancia. Porque cuando dichas exigencias no van acompañadas de un deseo de reciprocidad, correremos el riesgo de quedar atrapados en las garras de ese termino pelin tiránico conocido como demagogia; connatural en la clase política, pero que el pueblo no merece. Cuando días pasados, en una nota de prensa leía en EL DIA de Ciudad Real que el PSOE de Tomelloso, “exige” el cambio de nombre de un colegio público porque el actual, teniendo en cuenta la Ley de Memoria Histórica, está en franca contradicción con su artículo 15 que ordena la retirada de símbolos que tengan relación con la Guerra Civil española y posterior etapa franquista, me venían a la memoria los muchos nombres afines que han inundado calles y plazas de nuestros pueblos, que con la arribada al poder de la progresía han venido a suplir a aquellos otros que surgieron cuando terminó aquella mal hadada contienda; y que también tuvieron relación directa con aquella. Quiero pensar que la secretaria de Educación de este partido en Tomelloso, por su edad desconoce que dicho nombre no es de la etapa de aquella guerra, puesto que el colegio de nueva creación se hizo tiempo después, sin ánimo de revancha por supuesto; y atendiendo únicamente a la necesidad social del pueblo, y en decidido empeño de la autoridad del momento, por erradicar el nivel de analfabetismo rampante heredado de otro tiempo. Posiblemente, si el colegio estuviera dedicado a la memoria de un correligionario de esta señorita nada hubiera dicho, aun cuando el personaje perteneciera a aquella época, tal que el doctor Negrín pongo por caso, en cuyo homenaje un Hospital canario luce orgulloso tal nombre, sin tener en cuenta el gran daño que el personaje, por sus obras los conoceréis, pudo infligir al pueblo español; u otro de los muchos de “su santoral, Margarita Nelken Mansberger, por ejemplo, acreditada social-comunista. Y yo me pregunto ¿Hasta cuando va a durar esta farsa? No joven, la Historia se llama así por eso, porque su función es reflejar la realidad y a través de ella que los pueblos lleguen a hacerse grandes o a hundirse, según sus gobernantes y la aquiescencia de los gobernados. Porque un pueblo que asiente dócilmente a los caprichos y veleidades de sus gobernantes, si están dominados por el odio -y este es el caso- nunca podrá mirar de frente sin avergonzarse. Un pueblo incapaz de hacer frente a su realidad histórica es un pueblo sin pulso. Nada tengo en contra del nombre que esta señorita propone para reemplazarle -convergente como no podía ser menos con su ideario político-. ¡Faltaría más! pero, lo que quizá ignore ella es que de vivir el progenitor de éste, muy posiblemente estaría en total discrepancia con sus pretensiones habida cuenta de su fervor joseantoniano, precisamente. Ironías de la vida. De José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, mártir víctima del odio, únicamente caben parabienes. Su ideario político era el bienestar del pueblo, ahí queda su testamento político y sus 26 puntos fundamentales. Y murió como muchos españoles: Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera, José Calvo Sotelo, Pedro Muñoz Seca, Federico García Lorca también; y tantos otros que sin hacer daño a nadie fueron víctimas de ese odio cainita que enfanga de oprobio a la sociedad toda del tiempo aquel. Hechos todos, que debemos conservar siempre frescos en la Memoria, única fórmula .para que de nuevo España recupere la grandeza perdida Una grandeza que no se obtiene borrando páginas sino respetando todas y cada una de ellas, pese a quien pese. Infórmense antes de “exigir”, y tomen conciencia de sus actos; y prediquen con el ejemplo, o respeten todos los símbolos. No vale eliminar unos y ponderar otros cuya premura en imponerlos allá donde arribaron es evidente. Será entonces cuando su credibilidad quizá se haga merecedora de esas ínfulas “exigentes” que, de momento, produce la impresión de estar dominadas por el rencor por aquella derrota, la cual aun no han tenido la grandeza de asumir. Evitarían, a su vez, la posible hilaridad, que eso sí que resulta triste.
DECÍAMOS AYER... El papel de las bases
11/07/2009
E supone que un partido político que se precie, en todo momento intente fortalecerse a través de sus propias bases [afiliados]. Cabe pensar, por tanto, que es sobre ellas y su programa donde descansa la realidad a través de la cual todos, sin excepción, intentan concienciar al electorado hasta ganar su confianza de cara al triunfo final. Es posible que tan simplista deducción, políticamente hablando pueda resultar de una vulgaridad absoluta, consecuencia quizá de esa larga inhibición que durante los tiempos de “la oprobiosa”, el mío -mi tiempo- lo dediqué únicamente al trabajo, intentando abrirme camino en la vida sin otro objetivo que sacar adelante a mi familia con mi propio esfuerzo sin esperar a posibles canonjías, tan habituales de la época. Quizá por ello tampoco sintiera un interés especial por la política y su entorno y que, por la misma razón nunca sentí la necesidad imperiosa de una afiliación política, con lo que ello conlleva. De ahí que no posea suficiente capacidad de comprensión hacia el hecho, importante pienso yo, de que dichas bases aparte solicitarles su voto sean ignoradas en el momento en que aparecen esos movimientos internos de partido, en especial cuando de tomar decisiones se trata. Unas decisiones únicamente reservadas para los “cabeza de huevo” respectivos, sin otra opción para aquellas que el “sí Wana”. Y no es eso, porque si el hecho de integrarse en un partido político lleva implícita fidelidad y voto obligado justo es, pienso yo, que de igual forma se debe tener acceso al conocimiento previo de aquellos temas relevantes siquiera como deferencia, antes de que “la dirección” tome la decisión definitiva. Lo he comentado en alguna ocasión con algún político y aun admitiendo que, efectivamente, tal actitud puede producir incluso hastío; consideran que es una reacción que “igual que viene se va, para después continuar todo igual. Y es posible que así sea, porque sino no se explica tal actitud; en especial cuando anuncian sus congresos, momento culminante puesto que de la elección de los mejores se trata, o debiera tratarse. En ese momento es cuando de verdad se aprecia “el cariño” que algunos sienten por unas siglas; sobre todo si de lo que se trata es de conservar o acceder a algún cargo. Si es necesario pisar cabezas, se pisan Y esto sucede precisamente en esos momentos clave en que la renovación de personas y modernización de ideas requiere el mayor cuidado, si de verdad de lo que se trata es de crear la ilusión por un programa de cara al futuro. Nada se diga cuando surge la idea “de una lista única y de unidad”; cuyo fin, dicen, “es conseguir un partido fuerte y cohesionado”. Y aquí, a modo de interrogante surge la pregunta ¿a qué acuerdo se llegó, y con quién, para conseguir esa inicial lista única, precisamente cuando se anuncia más de una candidatura? Y uno en su incultura política se sumerge en la duda ¿de verdad, alguien en su sano juicio piensa que varias candidaturas a un mismo cargo son síntoma de desunión o falta de fuerza e ilusión en un partido político? y llega a la conclusión de que no, que todo lo contrario; pues partiendo de que de la discrepancia puede surgir la luz, lógicamente varios candidatos pueden ofrecer a esas bases su proyecto, y a partir de ahí serán éstas las que en uso de su potestad y buen juicio, deberían ser las que optarán por el candidato que consideren más idóneo, sin capillitas de por medio. Lo contrario lejos de obtener esa utópica unidad [-fuerza y cohesión-], es cobijar intereses espurios al obligar en algún caso a la retirada del candidato en principio con más compromisarios, para beneficiar a otro quizá más bizcochable; accesible por tanto a intereses que poca o ninguna relación tienen con la realidad del partido y, por supuesto, al margen del dictamen de unas bases sistemáticamente ignoradas por los de siempre, cuyo único objetivo es su pervivencia. Balance triste, por tanto, de esos congresos en los que lejos de inyectar savia nueva capaz de aportar ideas frescas, reaparece de nuevo el tipo de político caduco que en fase de extinción, es capaz de agarrarse a un clavo ardiendo con tal de seguir medrando. Y lo más triste no es que lo intente sino que lo consiga; y que en la región se aliente con el beneplácito o ignorancia nacional.
DECÍAMOS AYER... Des-inhibición... o algo así
04/07/2009
ON la canícula llega ese momento culminante, en el cual un año más iniciamos un proceso que cual soplo de aire nuevo nos conduce hacia la des-inhibición y su consecuencia: “dejar el libro” con las menos hojas posible. Una realidad que en algunos casos, mediado el día pudiera parecer que estuviéramos preparando una carrera de 100 metros lisos, o una media maratón, pongo por caso. Para muchas familias no veraneantes supone, aparte el oxigenado alivio, la posibilidad de desahogar parte de su economía respecto de esos gastos ineludibles, tales que luz, calefacción o ropa, incluso la alimentación; que al precisar de menos calorías la ingesta suele ser más frugal. Es, por tanto, ocasión propicia para que el ser humano no dude ni un instante en dejar en evidencia algunas de sus carencias. Un pasado reciente, que coincidía con el decrecer del boom alemán y enlazaba con el despegue de determinadas regiones patrias, llevó consigo el despoblamiento de otras zonas, agrícolas especialmente, con el consiguiente abandono del medio y, su consecuencia, un choque medioambiental que, lógicamente, produjo el natural efecto contraste entre costumbres, anquilosada en la rutina una mientras la otra se asentaba en la modernidad y, consecuencia de ello, un mejor nivel de vida. Y es en época vacacional cuando el emigrado, al retornar a sus orígenes, aprovecha la oportunidad para disfrutar plácidamente entre la familia de un ambiente puro; un ambiente que aun hoy con algún reparo, los pueblos continúan exhalando en perjuicio de las grandes urbes. Los varones de aquel tiempo lucían un espléndido moreno que la ironía popular denominaba Agromán, consecuencia del trabajo que la mayoría realizaba en tareas de albañilería al aire libre; torso descubierto y pantalón corto era la razón de su curtida piel, a tal punto que a su observación ésta producía la impresión de que, efectivamente, hubieran estado descansando en la Costa Azul. Ahora, tiempo por medio, sus paseos por el pueblo lo hacen también en pantalón corto, pero ya de marca, camisas de alegres colores, zapatos o zapatillas y los inevitables calcetines... cortos, eso sí. Naturalmente, todo cambio precisa de cierto nivel de minuciosidad pues de no ser así, éste puede resultar grotesco y así junto a ese moreno natural y el desenfadado atuendo, a veces aparece un par de piernas acompañadas de un par de brazos bien musculados sí, pero... tan peludos en algunos casos, que produce la sensación de que el creador del célebre Carpanta se hubiera inspirado en ellos. Pero, a lo que iba, la llegada del verano deja al descubierto excesos y carencias que, como es lógico, en otras épocas pasan desapercibidas; y es en ese momento cuando resalta con todo su esplendor la diferencia ¡bonita diferencia al fin! entre hombre y mujer o por mejor decir, entre mujer y hombre. Ella, bella siempre, cuando sale a la calle lo hace con estudiado desaliño y aun en época estival -acompañada o sola-, de inmediato marca la diferencia. Una diferencia que partiendo de la lógica entre sexos, contrasta aun más cuando aparece alguna cuadrilla de jóvenes enfundados dentro de enormes camisetas, pantalón corto o semi largo [-ni tonto ni listo, los llaman algunos-] dejando al descubierto unas desmedidas piernas, pelos largos o rapados, y disparatadas botas que destinadas en principio para hacer deporte, suelen disfrutarlas durante las 24 horas. Si ellos fueran solos mal que bien, mal de muchos... pero si entre ellos viene alguna joven, aun desaliñada, el contraste resulta demoledor; gráficamente: se te caen los palos del sombrajo. Es el momento en que la belleza natural de ella llega a acrecentarse ante el abandono y falta de pulcritud en el vestir de muchos jóvenes varones que, tercos en su interés por sacar el máximo rendimiento a su atuendo, consiguen resultar absolutamente antiestéticos. Si a ello se añade algún que otro emérito, que muy ufano no tiene inconveniente en lucir sus blancas pantorrillas, portadoras de un protuberante abdomen, y el inevitable adorno de sus calcetines “tobilleros”. Espectáculo, por así decirlo, que ofrece una imagen digna de archivo, al menos para que nos invite a recuperar el sentido de la estética, y tomar conciencia de nuestras limitaciones. Entre tanto, reconfortémonos con el fresco espectáculo de la belleza femenina, aseada y enseñando solo lo que deba... y pueda, convencidos del benefactor influjo visual que haremos extensivo al resto de los sentidos. Y en esas andaba cuando me vinieron a la memoria unas antiguas terceras de ABC, << ¿Qué pensará un mono?>>, firmada por José Jiménez Lozano y <<La belleza>>, del académico Francisco Nieva, que convergentes; uno con su teoría del rompecabezas y otro con su Torre de Babel, me producen la impresión de haber entrado en un callejón sin salida. Feliz verano.
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