Madrid

ALAMBOR

Opinión

DECÍAMOS AYER... Vencer y perdonar

20/06/2009

L
A carta de un amable lector, a propósito de mi artículo PAREDES Y PIEDRAS, publicado en EL DÏA de Ciudad Real el pasado día 11, así como en mi blogg de Internet, me anima a dar forma a este artículo a través del cual trataré de dar cumplida satisfacción a este amigo, a la vez que explicar el porqué de su contenido y, sobre todo, la aclaración de que pese a no coincidir con él en sus apreciaciones, no por ello pretendo justificar unos hechos, cuya gran trascendencia toda persona de bien está obligada a reprobar.
Entre Jardiel Poncela que asegura que la Historia es la mentira encuadernada y Jacinto Benavente, que una cosa es continuar la Historia y otra repetirla; Niceto Alcalá Zamora afirmaba que la Historia parece grande por lo que muestra en recuerdos, pero que lo es mucho más por lo que en realidad esconde. Más de setenta años en nuestro caso, de Historia, cuya realidad no debemos soslayar si, de verdad, queremos evitar el retorno a los albores del segundo tercio del pasado siglo; un retorno que nos llevaría hasta aquellas barricadas que la Historia, y también la Memoria, nos dicen que todo tuvo su origen aquel trise día de abril de 1931, con al advenimiento de la segunda República.
Historia de unos hechos que no se pueden inculcar a las nuevas generaciones de forma sesgada, pues ello aparte de ignaros mereceríamos la consideración de inicuos. Una historia que tiene su inicio con la quema de Conventos e Iglesias, continúa con la revolución de Asturias -más de 4.000 muertos-, los sucesos de Casas Viejas y culmina con el asesinato de José Calvo Sotelo a manos del pistolero Cuenca, en represalia por el del teniente Castillo del día anterior. Hechos que, según parece, los defensores de esa Memoria Histórica  tratan de borrar al igual que “los sucesos de las Checas de Madrid o Barcelona, o los de Paracuellos, o en los sótanos de La Pedrera catalana, más la infinidad de despojos humanos masacrados en las cunetas de las carreteras o en las paredes de los cementerios de España, fehaciente realidad que no se puede ignorar si lo que se pretende es dar credibilidad a esa moderna Historia que se puede tildar de inicua, desde el momento mismo en que obviando aquella Ley de Amnistía de 1976, únicamente pretende una consideración parcial sin tener en cuenta que todos ellos, absolutamente todos, hemos de mantenerlos siempre frescos en nuestra memoria; porque de olvidarnos corremos el riesgo de volver a repetir aquel maldito viaje.  
Un viaje hacia el horror sorprendente, pues según Julián Marías, sobrevino cuando España había alcanzado una asombrosa plenitud intelectual. Aquel entusiasmo popular, el de aquel 14 de Abril,  hacía impensable que en apenas cinco años, aquel régimen pudiera hundirse en medio de una guerra civil; y sin embargo no fue posible la paz. 
Dice Pío Baroja que el ejército no debe ser más que el brazo de la nación, nunca la cabeza; y fue una parte de ese brazo ejecutor el que se convierte en cabeza; y en abierta discrepancia con quienes tenían la obligación de velar por el  bienestar del pueblo, se levanta en armas ante la actitud de políticos que en manos del socialismo radical, tal que Largo Caballero, en claro intento de crear en España un sistema totalitario a imagen y semejanza del que existía en la Unión Soviética [-al viejo estilo de levantar las masas para callar las urnas-], con la intención expresa de llevarse por delante aquella República que tanto poder le había dado; para en su lugar implantar una dictadura parigual al “paraíso” impuesto al pueblo ruso por su maestro Lenin.
Tiempo por medio, aterra pensar qué hubiera sido de nuestra España, a la vista de la posterior tragedia vivida por aquellos países centroeuropeos; cuando finalizada la II Guerra mundial quedaron sojuzgados a la URRS dentro de su famoso Telón de Acero, en la caso de haber triunfado aquel Frente Popular.
Bueno sería para todos, que nos olvidáramos de monsergas; armonizáramos nuestra vida de una vez por todas sobre la base del entendimiento y la razón; en la esperanza que nuestros caídos en aquella lucha fratricida, allá donde estén, se sientan orgullosos al comprobar que su lucha no fue en vano. Utilicemos la memoria para a través de ella mantener siempre fresca nuestra Historia, y dentro de ella todo lo bueno y… menos bueno; ya que, en definitiva, a todos nos pertenece. Lástima que el bando vencedor no hubiera tenido en su momento la grandeza de haber sabido perdonar. Hubiera vencido dos veces.  
                                                                                                          al_hanbor@yahoo.es
.                                                                                                                        

http://madrid.cuadernosciudadanos.net/Alambor/2009/06/20/deciamos-ayer-vencer-y-perdonar_8/
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