Madrid

ALAMBOR

Opinión

DECÍAMOS AYER... Convivencia ciudadana

13/06/2009

C
ON la llegada del buen tiempo, y ya para toda la canícula, aparece este simpático artilugio para deleite de chicos y mayores. Un artilugio que en su día dio título a una celebrada novela del eximio actor y director Fernando Fernán-Gómez, ilustre académico a su vez. Y al respecto, cabe pensar que el desaparecido autor olvidó, siempre pensando en el verano, otros utensilios que también irrumpen de forma extemporánea en nuestras vidas en esos tranquilos días -con sus noches correspondientes-, especialmente en los pueblos, donde sus gentes liberadas de la necesidad imperiosa del veraneo en playa o montaña, aspiran únicamente al reparador descanso. Un descanso que es el preludio de las fiestas patronales, paso previo a su vez de esos días intensos de Septiembre donde la vendimia altera el sedentario transcurrir: “Fragancia de vendimia. El aire toma /  forma de oro y azul en la blancura / que esconde entre las viñas su blancura. / Oro, blancura y sol que el viento aroma / y Septiembre es un ascua que asegura / en la ciudad su luz vendimiadora / que alegra el corazón y el alma dora”. Dice Luis López Anglada en su poema “Canto a la vendimia” premiado en la Fiestas de las Letras Ciudad de Tomelloso-1953.Pero hasta entonces, en estos tranquilos paraísos –en algún caso sedentarios-, surgen bicicletas y  motos que nos recuerdan que, efectivamente, tales artilugios son para el verano. Y ello, en principio no es malo; pero ante la pasividad de quienes tienen la obligación de velar por el derecho de aquellos que no montan en bicicleta ni en moto, pero que se ven obligados a aguantar estoicamente caprichos y veleidades de unos deportistas que lejos de buscar el espacio adecuado; al considerarse dueños y señores de la calle, utilizan ésta a su libre albedrío.Cabe la posibilidad, también,  que algún vecino al abrir la puerta de su casa se dé de bruces con algún ciclista o motorista, que no conforme con discurrir por la calzada recién asfaltada se encuentra más realizado circulando por la acera originando el consiguiente riesgo, no para él sino para la persona que tranquilamente abre la puerta. Sin embargo, ello puede resultar sólo el entremés; ya que sin cesar y de forma más o menos intensa las horas diurnas enlazan con las nocturnas y así, ya mediada la tarde, ver surgir verdaderas caravanas de motocicletas, la mayoría en manos de menores, que según en qué zonas organizan sus carreras, que si fueran en descampado mal que bien, pero no, la competición puede ser en cualquier calle de la población; todo ello aderezado con el insoportable ruido consecuencia de llevar el gas abierto a tope y los tubos de escape trucados. Si a lo antes expuesto añadimos algún que otro coche ‘con prisa’ y la música ‘a toa pastilla”, obtendremos un cuadro merecedor de detenido estudio.Tales demostraciones pueden alargarse hasta las 2 o las 3 de la madrugada, a veces amenizada con un fondo de cohetes y petardos que anuncian durante toda la semana, que al sábado o el domingo se celebra una boda... o una romería. Todo pues, muy ameno, menos para el infeliz mortal que al día siguiente tiene que levantarse a las 6 o las 7 de la mañana para trabajar, el enfermo o aquella persona mayor que precisa del adecuado descanso. De éstos se pasa olímpicamente.Que tales deportistas actúen de forma tan desconsiderada se puede explicar si se tienen en cuenta determinadas circunstancias; pero, lo que no se explica es que todo ello suceda con la anuencia de quienes tienen responsabilidades públicas, entre ellas la de velar equitativamente para que los derechos de los demás terminen donde comienzan los de su vecino.Poner orden en tal desmadre es obligación que compete a la autoridad establecida. También  llevar al convencimiento de los eméritos que esas bicicletas aparcadas en las aceras, vulneran igualmente la buena convivencia ciudadana; su edad, más que a atropellar el derecho de los demás les obliga a ser ejemplo de civismo ante las nuevas generaciones.Si como dice el bonito titulo de la novela del señor Fernán-Gómez, Las bicicletas son para el verano, procuremos todos que tanto ellas como las motos circulen y estacionen en su lugar adecuado. Aunque no haya sombra.                                                                                                                          al_hanbor@yahoo.es  

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